Trump lanza un ultimátum a Cuba y anuncia el fin del “petróleo y dinero” venezolano: Presión para negociar con Washington

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió este domingo 11 de enero de 2026 que Cuba dejará de recibir petróleo y recursos provenientes de Venezuela, y pidió al Gobierno de La Habana “alcanzar un acuerdo” con Washington “antes de que sea demasiado tarde”. El mensaje fue difundido en Truth Social y elevó la tensión diplomática en un momento de reacomodo regional tras los recientes acontecimientos en Venezuela, según reportes internacionales.

Trump formuló su advertencia en términos tajantes, asegurando que “no habrá más petróleo ni dinero” para la isla, sin precisar los mecanismos ni el alcance de la medida, pero dejando claro que su política apunta a endurecer la presión económica sobre el Gobierno cubano.

El pronunciamiento ocurre mientras Cuba atraviesa una crisis económica y energética severa, con reportes de apagones y escasez, y con una dependencia significativa de combustibles importados. Diversos medios señalan que, ante el debilitamiento del suministro venezolano, México ha incrementado su papel como proveedor de petróleo para la isla, aunque el cuadro energético sigue siendo frágil.

En su publicación, Trump sostuvo que el flujo de apoyo venezolano hacia Cuba se terminaría: “no habrá más petróleo ni dinero… cero”, en una línea que refuerza su estrategia de condicionar el alivio de presión a cambios políticos o a un entendimiento directo con Washington.

El ultimátum incluyó un llamado a “hacer un trato” (make a deal), pero sin especificar qué exigencias concretas plantearía Estados Unidos ni qué concesiones ofrecería. Esa ambigüedad deja el anuncio en un terreno de presión política: el mensaje se interpreta como una advertencia pública para acelerar decisiones de La Habana bajo la amenaza de mayores costos económicos y diplomáticos.

En paralelo, fuentes periodísticas reportaron reacciones desde el Gobierno cubano con un tono de rechazo a la postura estadounidense y defensa de la soberanía de la isla.

El factor Venezuela
Trump vinculó su mensaje a Cuba con el cambio de escenario en Venezuela. Reportes de agencias y prensa internacional indican que, según Washington, una operación estadounidense en territorio venezolano culminó con la captura (u “ouster”, salida del poder) del líder venezolano Nicolás Maduro, un hecho que —de confirmarse en todos sus extremos— alteraría de manera directa el equilibrio de alianzas en el Caribe y Sudamérica.

En esa misma narrativa, Trump afirmó que el período de influencia cubana en Caracas se habría acabado. También se reportó que en el operativo murieron efectivos y personal de seguridad, incluidos cubanos, según versiones recogidas por medios internacionales, lo que añade una capa de sensibilidad política al conflicto.

Al margen del componente militar y diplomático, el punto central del anuncio es económico: durante años, la cooperación Caracas–La Habana fue descrita como un intercambio donde Venezuela aportaba crudo en condiciones preferenciales, mientras Cuba proveía servicios profesionales y asesorías, incluyendo —según la versión de Trump y reportes periodísticos— componentes de seguridad y apoyo institucional.

Qué está en juego para Cuba
La advertencia de Trump apunta al corazón de una vulnerabilidad cubana: el abastecimiento energético. La isla depende de importaciones para sostener su generación eléctrica y sectores clave de la economía. En ese contexto, un corte —o una reducción mayor— de suministros asociados a Venezuela puede traducirse en más apagones, encarecimiento logístico y mayor presión sobre las finanzas públicas.

El presidente estadounidense también insistió en que Cuba está “a punto de caer” sin el soporte venezolano, según declaraciones recogidas por agencias y medios en días recientes. Esa afirmación, aunque política y controvertida, muestra la intención de su administración de elevar el costo de sostener el statu quo en La Habana.

Desde la óptica estadounidense, el anuncio se enmarca en una estrategia más amplia de aislamiento y negociación bajo presión. Desde la óptica cubana —según reacciones reportadas— se trata de un acto de injerencia y de profundización de una política hostil.