Siete años después de iniciada, la obra de mejoramiento de la Institución Educativa Industrial Hermilio Valdizán sigue sin concluirse. No se trata de un simple retraso administrativo ni de un desfase técnico menor: es la evidencia de una forma de gestionar la inversión pública que normaliza lo inconcluso, posterga lo urgente y acostumbra a la comunidad educativa a convivir con la precariedad.
Que una obra iniciada en 2018 continúe operando entre el 90 % y 95 % de ejecución al cierre de 2025 revela algo más profundo que un problema contractual. Revela la falta de capacidad —o de voluntad— para cerrar proyectos estratégicos en educación técnica, un sector clave para el desarrollo productivo regional. Un colegio industrial no puede funcionar a medias, porque su esencia está precisamente en el uso pleno de talleres, maquinaria y condiciones técnicas seguras.
El discurso del “ya casi está” se ha repetido durante años. Se reciben equipos, se anuncian instalaciones, se destacan avances parciales. Sin embargo, mientras persistan áreas inconclusas, arbitrajes sin resolver y una instalación eléctrica deficiente, la obra no puede considerarse terminada. La educación técnica no admite improvisaciones: operar maquinaria pesada sin una red trifásica completa no solo es ineficiente, es peligroso.
Particularmente preocupante es que el problema eléctrico —identificado, aprobado como proyecto específico y reconocido por las autoridades— recién tenga una posible fecha de inicio en 2026. ¿Cómo se explica que una deficiencia estructural conocida desde hace años siga siendo postergada? Cada año perdido es una promoción de estudiantes que no accede a una formación técnica en condiciones adecuadas.
Los procesos de arbitraje pendientes también merecen una reflexión. Si bien son mecanismos legales, su prolongación indefinida termina castigando al usuario final: los estudiantes. La gestión pública no puede escudarse permanentemente en controversias contractuales mientras la comunidad educativa asume las consecuencias.
Este caso no es aislado. Es parte de un patrón regional donde las obras se inauguran sin concluirse, los equipamientos llegan antes que las condiciones básicas y la responsabilidad se diluye entre gestiones. La consecuencia es una normalización del incumplimiento.
La Institución Educativa Industrial Hermilio Valdizán no necesita más anuncios ni cronogramas tentativos. Necesita decisiones firmes, ejecución efectiva y cierre real del proyecto. La educación técnica no puede seguir siendo rehén de la inercia administrativa. Culminar esta obra no es un favor: es una obligación con los estudiantes, los docentes y con el futuro productivo de la región.




