La educación que Huánuco no puede seguir esperando

La movilización de más de 80 madres y padres de familia de la I.E. “César Vallejo” en Paucarbamba no es un hecho aislado ni un arrebato momentáneo: es el síntoma visible de un problema que se arrastra por años y que la autoridad regional sigue sin enfrentar con la seriedad que merece. Cuando una comunidad escolar entera debe plantarse frente al Gobierno Regional para exigir algo tan básico como un expediente técnico actualizado, queda claro que el sistema está fallando.
Según relataron los padres, hace un año se anunció con cámaras, discursos y promesas la construcción de un nuevo colegio. Hoy, lo único que existe es un expediente desfasado, un proceso administrativo estancado desde 2015 y un plantel antiguo donde cerca de mil estudiantes reciben clases en aulas de adobe y techos de calamina. Mientras tanto, la confianza ciudadana se erosiona y crece el sentimiento —legítimo— de haber sido utilizados para la foto.
La exigencia de un compromiso escrito no debería escandalizar a nadie. Cuando la palabra pública se incumple una y otra vez, la ciudadanía está en todo su derecho de pedir documentos, plazos y responsabilidades claras. Las familias de Paucarbamba no marchan por capricho; marchan porque sienten que nada avanza, porque “no se ha movido ni un documento”, como reclamaron en la protesta.
El director del plantel ha explicado que recién en enero se licitaría la actualización del expediente técnico. Pero ese anuncio —que solo se refiere al documento y no a la obra en sí— llega demasiado tarde para una comunidad que viene esperando casi una década y que, mientras tanto, debe recurrir a colectas de APAFA para reparar lo que el Estado debería resolver.
Huánuco no puede normalizar que las obras educativas se anuncien sin sustento, que se paralicen por años o que permanezcan atrapadas en una maraña administrativa. Tampoco puede permitir que la infraestructura escolar siga dependiendo de la voluntad política o del calendario electoral.
El derecho a estudiar en condiciones dignas no admite dilaciones. La región necesita autoridades que gestionen, no que prometan; que ejecuten, no que pospongan.
La educación es el corazón del desarrollo de cualquier pueblo. Y hoy, en Paucarbamba, ese corazón late entre paredes de adobe que ya no resisten más espera. Es responsabilidad del Gobierno Regional escuchar este llamado y responder con hechos, no con anuncios.