Necho, el Hermano que Dio la Vida

Toño López
Cuando conocí a Necho, hace ya cincuenta años, todavía no sabía que el destino me estaba regalando no solo a un cuñado, sino a un hermano más. Se casó con mi hermana, sí, pero desde el primer saludo, desde la primera sonrisa franca y esa forma suya de estar siempre dispuesto, supe que en él había encontrado un amigo para toda la vida.

Con Necho compartí aventuras que hoy parecen cuentos contados al calor de un fogón. Íbamos a pescar truchas al río Charamayo, donde el amanecer nos recibía como si supiera nuestros nombres. Intentamos cazar patos entre los totorales, y más de una vez volvimos empapados, cansados, muchas veces sin nada, pero felices. También nos lanzamos a viajes largos sin más equipaje que la juventud y unas ganas inmensas de reír.

Los años pasaron, como siempre pasan, sin que uno se dé cuenta. Yo tuve familia, crecieron mis responsabilidades, y sin embargo cada viaje a Huánuco con todos ellos, era también un viaje hacia la calidez que Necho sabía dar. Llegaba yo a la casa familiar o a la suya, y en ambas la puerta estaba abierta como si fuera mía. Su camioneta estaba disponible para nuevas aventuras, porque para él compartir era tan natural como respirar. Con Necho y Willy hicimos hornos de pachamanca, celebramos fiestas patronales en Panao y llenamos de juegos y risas los días que nunca regresan, pero que nunca se olvidan.

Era dentista de profesión, también exalumno del Colegio Militar, firme de carácter, pero suave de corazón. Más de una vez le fabriqué dispositivos odontológicos, y siempre los recibía con ese agradecimiento sincero que a uno le hace sentir que da poco, incluso cuando se da mucho.

Y ahora, hace apenas dos días, Necho partió. Pero no se llevó nada que no hubiera dicho antes, porque él era de los que decían “todo en vida”: el cariño, la ayuda, la presencia, la fraternidad, la risa contagiosa.

Ayer, antes de iniciar la íntima cremación, el sacerdote dijo algo que quedó suspendido en el aire como un susurro destinado a todos:

“Que sea la vida la que nos una; que no sea la muerte quien lo haga.”

Y en ese instante entendí que esa frase era, en verdad, la historia completa de Necho. Porque fue la vida —su forma de vivir, de querer, de acompañar— lo que nos unió siempre. Y seguirá siendo así.

Porque algunos hermanos nacen; otros, como él, se hacen caminando a nuestro lado.
18/11/2025