Un conflicto territorial sin resolver desde hace años mantiene estancado el desarrollo de dos centros poblados claves del distrito de Amarilis. El alcalde de Llicua, Joel Luna, denunció públicamente que la Municipalidad Provincial de Huánuco ha eludido su responsabilidad de zanjar la delimitación con La Esperanza, generando un escenario de exclusión institucional y paralización de proyectos para miles de ciudadanos.
“Estamos atrapados en un círculo vicioso. Presentamos documentos, los rechazan, no hay arbitraje ni decisión. ¿Cuántos años más debemos esperar?”, cuestionó con frustración el alcalde. Según explicó, existen mapas, actas y documentos técnicos que reconocen como límite natural el río Jancao, pero la autoridad provincial continúa sin reconocerlos oficialmente.
Luna advirtió que esta omisión institucional no solo ha bloqueado el proceso de adecuación legal de Llicua como centro poblado, sino que también ha congelado sus aspiraciones de convertirse en distrito. La situación, aseguró, afecta igualmente a La Esperanza. “Nos están condenando al atraso”, afirmó.
Acuerdos ignorados
De acuerdo con la versión ofrecida por el alcalde, durante una gestión anterior se alcanzó un acuerdo técnico con la administración del exalcalde Toño Jara. En esa ocasión —según indicó— el área de Catastro reconoció la validez de la delimitación mediante hitos geográficos. Sin embargo, dicho avance habría sido posteriormente desestimado por el actual concejo provincial. “Nos dejaron fuera sin explicación”, relató Luna.
El hecho más crítico, señaló, fue haber sido excluidos del proceso de adecuación de centros poblados, requisito indispensable para postular a una futura distritalización. “Nos sacaron simplemente porque no se resolvió este impase con La Esperanza. Esto nos impide gestionar presupuesto, obras, ni siquiera podemos postular a proyectos públicos”, lamentó.
La Municipalidad Provincial de Huánuco, hasta el cierre de esta edición, no ha emitido declaraciones oficiales sobre este caso. La falta de respuesta institucional profundiza la percepción de abandono que expresan las autoridades locales y vecinos de Llicua.
Motivos políticos detrás
El alcalde Luna también deslizó que podrían existir intereses políticos detrás de la inacción provincial, aunque evitó acusaciones directas. “No quiero pensar que estén favoreciendo a La Esperanza, pero les doy el beneficio de la duda”, declaró.
Respecto a los argumentos de su contraparte territorial, indicó que La Esperanza pretende fijar el límite en una calle contigua al sector conocido como “La Estancia”, lo que —según Luna— no tiene sustento histórico ni técnico. “Esa zona era campo abierto. Los límites antes eran claros, se marcaban con ríos y quebradas. No con calles construidas hace pocos años”, subrayó.
Ante la falta de una resolución definitiva, el conflicto ha quedado en un limbo institucional, donde ambas partes presentan documentos, se rechazan mutuamente, y ninguna autoridad asume la decisión final.
Sin límites no hay desarrollo
El alcalde enfatizó que el problema no es solo legal o cartográfico, sino que tiene consecuencias concretas y graves para los ciudadanos. “Mientras no haya una delimitación clara, ni Llicua ni La Esperanza pueden acceder a presupuestos, ni ejecutar obras grandes, ni avanzar hacia una mejor administración local”, alertó.
Además, recordó que el plazo para tomar acción se acorta. “Nos queda un año de gestión. No podemos seguir perdiendo tiempo. Si esta administración no resuelve, otra vez quedará todo congelado”, advirtió.
El dato
Luna adelantó que convocará una nueva ronda de reuniones con dirigentes de su comunidad y presentará nuevamente toda la documentación a la comuna provincial. “Vamos a insistir. Si hay observaciones técnicas, que nos las comuniquen formalmente. No puede ser que una solicitud de La Esperanza haya bastado para excluirnos del proceso”, remarcó.




