Según el reportaje de El País, en apariencia, el otoño actual ha presenciado dos hazañas notables en el esquí de montaña en el Everest. Sin embargo, numerosos expertos cuestionan la validez de estos acontecimientos, sugiriendo que son meramente una ilusión óptica que representa, de hecho, un retroceso en la disciplina.
El primer descenso, protagonizado por el esquiador polaco Andrzej Bargiel y promocionado por Red Bull, se anunció como el primer descenso integral sin oxígeno artificial. No obstante, se omitió inicialmente que Bargiel alcanzó la cumbre con la ayuda de un pelotón de sherpas que fijaron cuerdas y abrieron camino, un detalle que fue relegado al final del comunicado oficial.Esta omisión de información clave levanta serias dudas sobre la pureza del logro. Poco después, National Geographic anunció el descenso del estadounidense Jim Morrison por el “supercorredor” uniendo el Horbein con el de los japoneses, como el descenso en esquíes más importante de la historia.
A pesar de la espectacularidad del descenso de Morrison, que abarcó 2.800 metros de desnivel, la falta de mención al uso de oxígeno embotellado, tanto en el ascenso como en el descenso, plantea interrogantes. La omisión de este detalle crucial, según los cánones del alpinismo, equivale a una falta de transparencia que socava la credibilidad del logro. Alpinistas de renombre recuerdan que el valor de una ascensión no reside únicamente en alcanzar la cima, sino en el estilo y los medios empleados para lograrlo. La utilización de sherpas, cuerdas fijas, campos de altura y oxígeno embotellado, como en el caso de Morrison, evoca un pasado que el alpinismo moderno busca superar, enfatizando la importancia del “cómo” sobre el “qué”.
La polémica se intensifica al recordar hazañas pasadas, como la del italiano Hans Kammerlander, quien en 1996 ascendió y descendió esquiando el Everest en tiempo récord sin oxígeno artificial, aunque su descenso no fue integral debido a la falta de nieve en ciertas zonas. La referencia de muchos sigue siendo Kammerlander. Sus palabras a RaiNews reflejan la preocupación por la comercialización del alpinismo, criticando el despliegue logístico y el uso masivo de sherpas en expediciones como la de Bargiel. La sombra de Marco Siffredi, el snowboarder desaparecido en el Everest en 2002 mientras intentaba descender el corredor Horbein sin oxígeno, sirve como recordatorio de la búsqueda de la pureza y la honestidad en el alpinismo, un ideal que parece cada vez más amenazado por los intereses comerciales y la búsqueda del espectáculo mediático.



