DESCANSE EN PAZ, GUILLERMO ECHEVARRÍA ROBLES

Por: Eliseo Talancha Crespo – UNMSM
El fallecimiento del escritor y profesor Guillermo Echevarría Robles enluta a la cultura huanuqueña. Su partida, el día de ayer a la edad de 74 años, nos produce una profunda tristeza. Y es que se va un hombre que, con mucha humildad, dedicó gran parte de su vida al estudio y difusión de la historia y la geografía huanuqueña. Con un amor entrañable por esta tierra, nos enseñó a mirar la región Huánuco no solo como un espacio geográfico, sino como un territorio lleno de historia y tradición.


Alguna vez nos comentó que había nacido en la mismísima ciudad de Huánuco, en la cuadra 4 del Jr. Mayro, el 10 de enero de 1951. Sus padres fueron don Amador Echevarría Penadillo y doña Teófila Robles Naupay. Salido de las canteras de la Universidad Nacional Hermilio Valdizán, y teniendo como maestro al geógrafo huanuqueño Patrón Contreras Vara, a lo largo de su vida se dedicó al estudio, la difusión y la defensa de nuestras raíces.


Siento que, con su partida, se empequeñece nuestra huanuqueñidad. Y es que, provisto de un desbordante entusiasmo y demostrando un perseverante espíritu investigador, Echevarría Robles nos inculcó el amor por lo nuestro desde la historia y la geografía local. Ha partido a la eternidad un gran amante de Huánuco, un afanoso investigador de la historia y la geografía de esta tierra.


Guillermo Echevarría Robles fue un hombre muy polémico, contestatario y controversial. A sabiendas de mi posición varallanista, muchas veces quiso provocarme enjuiciando duramente los razonamientos de mi maestro José Varallanos. En otras ocasiones, lo he escuchado cuestionar la tesis de Javier Pulgar Vidal sobre las ocho regiones, manifestando que son más. Conmigo mismo tuvo discrepancias en torno a la vida del héroe huanuqueño Mariano Ignacio Prado, pero, a pesar de ello, siempre mantuvimos una cordial amistad.


Su lamentable deceso nos deja un silencio hondo, pero también abre la puerta para que sus obras, sus inquietudes, sus propuestas y sus sueños hablen con mayor fuerza. Bien sabemos que quien investiga el pasado no muere del todo, porque permanece en el presente y en el futuro, en cada página y en cada dato que se niega al olvido. Fruto de sus indagaciones, nos deja como legado diversas obras como “Glosario de nombres y creaciones de los 74 distritos y provincias de Huánuco” (1986), “Vida pública de Mariano Ignacio Prado” (1987), “Geografía de Huánuco” (2.ª ed., 1991), “Antología de los artículos sobre la realidad nacional” (2000), “Historia del fútbol huanuqueño 1899-2000” (2001), “Semblanzas representativas de Huánuco” (2002) y “Compendio de turismo huanuqueño geográfico e histórico regional” (2.ª ed., enero de 2006), entre otros trabajos.


En su fecunda producción bibliográfica registró hechos, personajes y procesos que dan sentido a nuestro pasado histórico y geográfico. Dueño de una prosa sencilla, sin pretensiones académicas pero comprensible, recuperó aspectos y memorias olvidadas, valoró nuestros usos y costumbres, interpretó nuestra realidad y nuestra idiosincrasia, devolviéndonos el derecho a sentir orgullo por nuestra tierra huanuqueña. Preocupado por llegar especialmente a los alumnos, sus obras —modestamente impresas— siempre buscaron fortalecer y afianzar nuestra huanuqueñidad desde la educación, con contenidos de historia y geografía regional.


En medio del escaso o nulo apoyo oficial a la cultura, se las ingeniaba para editar y publicar sus libros. Gracias a sus valiosas contribuciones, los estudiantes pueden contar con materiales mínimos sobre historia o geografía huanuqueña. Ahora que ha emprendido el vuelo sin retorno, las páginas de sus libros seguirán enseñando. Sus ideas, que tan ardorosamente defendía, seguramente continuarán inspirando y motivando. Estamos más que seguros de que su mensaje de huanuqueñidad seguirá vivo entre quienes lo escucharon, siempre acompañado de su inseparable cartapacio.


Los que hemos tomado la difícil tarea de hacer cultura sabemos de los sabores y sinsabores de este apostolado. Lamentamos la muerte de Guillermo Echevarría en momentos en que, días antes, le pedíamos a nuestro amigo en común Fredy Aranda Venturo que agende un encuentro para abordar temas pendientes. Pero el infortunio se nos adelantó y se llevó a un hombre que partió en silencio, sin recibir el reconocimiento oficial que merecía. El gran Raúl Porras decía que en el Perú todos los reconocimientos son póstumos o tardíos. Llegan cuando la muerte está cerca o después de ella.


Escribo estas líneas, impulsado por la periodista cultural Pilar Trujillo Martel, para rendir nuestro pálido homenaje al colega de los afanes de la historia, al amigo, al paisano que dedicó su vida a forjar la identidad y la conciencia huanuqueña. Al despedirlo, sentimos el peso de la pérdida, pero también la certeza de que su legado seguirá iluminando nuestra personalidad como pueblo. Porque un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro, y él es uno de los que se encargó de evitar que ese olvido ocurriera.
A su distinguida familia, a los amigos y colegas, expresamos nuestras más sinceras condolencias.
¡Descanse en paz, Guillermo Echevarría Robles!