LA VENTANA DEL HUAPRI

Arlindo Luciano Guillermo

Noche fría, cola larga para comprar salchipapa, estridencia en el semáforo. Llego al Huapri. Veo a Mario Malpartida tomando fotos con su celular; al costado, Rosa Mendoza mira atentísima las hechuras de su compañero. Los saludo. Mis ojos quedan atrapados en el vidrio. Estoy frente a la ventana del Huapri donde se exhibe el valioso patrimonio de Mario: 19 libros, 3 revistas Caretas, una máscara blanca, una medalla, un trofeo, 20 elepés de boleros, un tocadiscos, una caricatura, una reseña y un cartel con los nombres de los organizadores de la puesta en vitrina de la literatura de Mario. En 3.8 metros cuadrados, caben literatura, trabajo de escritor, tiempo, lectura, creatividad. Los “tres en raya” son inmortales, quien no los ha leído no sabe nada de la literatura escrita en Huánuco. Malos tiempos, Pecos Bill y otros recuerdos y Usted comadre debe acordarse son libros clásicos, inspiradores e instructivos para quienes incursionan en la escritura literaria; las primeras ediciones están agotadas. Me ubico estratégicamente para ver si los apurados transeúntes se interesan por la exposición. Unos cuantos pasan mirando de reojo.

Dos jóvenes se acercan, cogen un celular, se toman un selfi con el pulgar levantado. No conozco a un escritor tan caballero, elegante y amable como Mario; lo conozco desde mis agitados años de juventud. Mario llegó un día a Huánuco, conoció amigos, a Rosa Mendoza, se casaron, tuvieron hijos y ellos sus hijos y se quedó en este valle acogedor y generoso. Huánuco es su querencia; Surquillo, su idilio, su paraíso de vivencias infantiles y juveniles de donde proceden vitales sus ficciones literarias.

En la ventana del Huapri, el personaje es Mario Malpartida. Ahí están elocuentes sus méritos literarios -obtenidos con sudoración copiosa, trabajo de artesano perfeccionista, antes que inspiración-, sus logros que relumbran con luz personal. “Siento una gran emoción que jóvenes amantes del arte y de la literatura me hayan dedicado esa ventana, que, a pesar de ser tan pequeña, es intensa en su contenido. Me siento muy contento, no esperaba tanto de esos muchachos”, me dice Mario mientras se recupera de un hostil resfrío. Se acerca la gente que no lee por afición ni oficio para ver una colección de objetos de hace algunos años atrás. A otros ni les va ni les viene. “Cosas de escritores”, dirán con entendible razón. Para unos pocos, se trata de un gran homenaje a Mario Malpartida. El jueves 16 de octubre, 8:43 de la noche, wincha en mano, bajo una lluvia persistente, llegamos a la ventana del Huapri con mi hija Elisa, quien, libreta abierta, toma afanosamente apuntes. Nos miran como bichos raros, se detienen brevemente, les jala la mirada la caricatura de Jhonel Rosales. Ser amigo de un escritor exige también comprar y leer sus libros. Yo desde hace mucho tiempo compro a los escritores de Huánuco sus libros. Esto mismo lo dije el viernes 17 de octubre en la presentación, en la municipalidad de Huánuco, del libro de cuentos ¿Y? de Samuel Cárdich. Pedí un público aplauso para Mario y su literatura. Él se puso de pie, daba venias de gratitud a amigos y lectores. Repetí: “Los amigos de los escritores deben comprar sus libros y leerlos como un acto de lealtad”. La concurrencia ríe con humor. Esa noche se agotaron los libros. Cuando salí, la mesa estaba vacía; comprendí que Samuel tiene buenos amigos y lectores. “Eres un vendedor number one, Lalo”, me dice Samuel mientras toma café con sus amigos. Si compramos libros en Crisol o en Arequipa el último libro sobre Vargas Llosa a 70 soles, entonces sí se puede adquirir un ejemplar de Samuel o Mario a 20 o 25 soles. Gana el escritor, gana el lector, la amistad se fortalece. Escribir un libro es desvelo, tiempo de creación y obsesión por corregir.

¿Qué hay en la ventana del Huapri? La muestra se denomina Un maestro de la palabra. Un anticuario vería con ojos de comprador usurero, un lector admiraría a Mario, un crítico literario encontraría la oportunidad para aquilatar la literatura, un periodista o cronista hallaría el tema apasionante y lo plasmaría con información, ensayo, entrevista, testimonio, ficción y reportaje. Se ven en primer plano tres revistas Caretas donde se publicaron los cuentos galardonados de Mario: Ese mal viento otra vez (1985), Rosita de fuego (1994) y Las palabras que ella dijo (1998). Con estos cuentos, Mario se convirtió en cuentista de renombre local y nacional. Los “tres en raya” son famosos aquí y en las ligas mayores. Los críticos literarios Manuel Baquerizo Baldeón y Ricardo González Vigil los conocen y escribieron sobre ellos. Desde el aeropuerto de Lima, mientras hace cheking para viajar a Huánuco, Andrés Jara me contesta: “Mario Malpartida no solo es uno de los mejores narradores de los “tres en raya”, sino también el que mejor maneja los procedimientos técnicos para embellecer sus historias literarias”. Están 19 libros de cuentos y novelas que Mario ha publicado. En primera fila, se ve la primera edición de Pecos Bill y otros recuerdos, en cuya carátula destaca un tranvía de la época. En la reseña, Samuel Cárdich escribe: “… es en su faceta de creador de ficciones donde Mario Malpartida destaca nítidamente, debido a la multiplicidad de temas que ha abordado en sus cuentos y novelas, a la claridad de su estilo para enfocarlos con maestría y darle visos de realidad a la realidad aparente u ocurrida”. El tocadiscos es la juventud de Mario, en él escuchó boleros y a la Sonora Matancera, que han impregnado su personalidad y su literatura. Su segundo libro se titula, precisamente, Un bolero más. Un elogio al bolero es el cuento “Ritmo y sabor”, publicado en Pecos Bill y otros recuerdos. Apilados, recostados en la pared, como descansando de los años transcurridos, yacen una veintena de long plays de boleros en sus estuches. Jhonel Rosales es el caricaturista que retrata a Mario con verismo y equilibrio. Es Mario con sus libros, su maletín, vestido de sport, atildado como siempre y leve sonrisa. Ahí está nuestro escritor de ficciones literarias que tanta satisfacción nos dio con sus libros. La producción y el montaje estuvo a cargo de Anthony Morán, Patricia Castillo, Mabel Cruz y Javier Dávila y el auspicio de la familia Arakaki.

Mario es un escritor de la nostalgia febril, de personajes anclados en el pasado glorioso y feliz. El famoso Pecos Bill y otros recuerdos sobrevivirá a su autor. La vida del escritor se perenniza en sus libros, por ellos los recordaremos siempre. Si ha creado historias y personajes que tienen evidencias y similitudes con la realidad cotidiana aún más. La exposición en la ventana del Huapri es uno de los tantos homenajes en vida que recibe Mario Malpartida. Mario es un escritor de respeto y admiración. Yo, su modesto lector y seguidor de cuanto libro ha publicado, siento júbilo cuando lo veo caminando por las calles de la ciudad o en eventos culturales. Saber que su amistad democrática es para todos. En 1989, escribió: “Llegué a Huánuco en 1969 [hace 56 años cuando tenía 22], no sé si huyendo de mí mismo o de las carencias, frustraciones, incertidumbres y todo lo que pudo haberme rodeado en mi infancia y juventud”. Arribó a Huánuco y se quedará para siempre.