La protesta nacional contra el gobierno de José Jerí terminó en una noche de fuego, gases lacrimógenos y enfrentamientos en el corazón de Lima. Lo que comenzó como una movilización pacífica de jóvenes y colectivos sociales derivó en una jornada violenta con al menos 75 heridos, entre policías y civiles, barricadas encendidas a las afueras del Congreso y denuncias de abuso policial.
La llamada “marcha de la Generación Z”, convocada este 15 de octubre, reunió a miles de estudiantes universitarios, transportistas y ciudadanos indignados con el Gobierno de transición, bajo la consigna “¡Que se vayan todos!”. Los manifestantes exigían la renuncia del presidente José Jerí y del Congreso, así como la derogación de las llamadas leyes “pro crimen organizado”, a las que acusan de debilitar la lucha contra la delincuencia.
Sin embargo, pasadas las 9 de la noche, la protesta escaló a un violento enfrentamiento. Bombas lacrimógenas, disparos de perdigones y bloqueos en la Vía Expresa marcaron una escena de caos en el centro de Lima. Un joven fue herido de gravedad en el rostro y trasladado de emergencia al hospital Arzobispo Loayza. Otro manifestante, menor de edad, recibió un perdigón en el torso y fue auxiliado por brigadistas antes de ser intervenido por la PNP.
El propio presidente José Jerí actualizó cerca de la medianoche la cifra de heridos: 55 policías y 20 civiles. “Revisaremos las cámaras para identificar a infiltrados y responsables de la violencia”, declaró el mandatario en X (antes Twitter), mientras las imágenes de jóvenes sangrando y humo en Abancay se viralizaban en redes sociales.
En paralelo, testigos reportaron que efectivos del grupo Terna y unidades policiales arremetieron “a diestra y siniestra” contra la multitud. Entre los heridos se encuentra el general en retiro Víctor Canales, quien denunció haber sido impactado por perdigones mientras acompañaba a los manifestantes frente al Congreso.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) condenó el uso excesivo de la fuerza y exigió a la PNP no bloquear rutas de evacuación ni usar gases en espacios cerrados. “El Estado debe garantizar el derecho a la protesta, no reprimirlo”, señaló en un comunicado.
La congresista Sigrid Bazán también alzó la voz: “La misma violencia que vimos con Dina Boluarte hoy se repite con este gobierno. No se construye democracia gaseando y golpeando a los jóvenes”, escribió en X.
Durante la jornada, incluso barras deportivas como la de Universitario de Deportes se sumaron a la movilización, coreando consignas contra la inseguridad y la corrupción. En distritos como Lince y La Victoria, vecinos marcharon por las calles exigiendo “seguridad y justicia”, en alusión al incremento de la criminalidad.
Al cierre de esta edición, el Centro de Lima seguía acordonado por la Policía, con focos de fuego aún visibles en la avenida Abancay y el tránsito completamente restringido. Organismos humanitarios alertan de una posible segunda jornada de protestas en los próximos días si el Ejecutivo no abre un canal de diálogo.
“Nos prometieron un gobierno de transición, pero esto se parece más a una dictadura”, gritó una manifestante universitaria mientras corría entre el gas y los escudos.
La llamada “marcha de la Generación Z” deja una herida abierta en el país y revive los fantasmas de la represión vivida en 2022 y 2023. Una noche que Lima no olvidará fácilmente.




