La compleja situación geopolítica en Gaza, exacerbada por las recientes hostilidades, ha generado un debate intenso sobre la participación de Israel en competiciones deportivas internacionales. La presión sobre la UEFA y la FIFA para que tomen medidas ha ido en aumento, impulsada por protestas y llamamientos de organizaciones de derechos humanos. Sin embargo, el panorama se ha complicado aún más con la presentación de un plan integral para poner fin al conflicto en Gaza propuesto por Donald Trump, que, al menos temporalmente, ha servido como argumento para posponer la exclusión de Israel de los torneos internacionales de fútbol. Este aplazamiento se produce en un momento crucial, con la selección israelí inmersa en las eliminatorias para el Mundial 2026 y el Maccabi Tel Aviv participando en competiciones europeas, generando así un foco de tensión constante. Las ramificaciones de esta decisión se extienden más allá del ámbito deportivo, tocando intereses políticos y económicos significativos.
Según el reportaje de El País, las dos organizaciones más importantes del fútbol mundial iniciaron conversaciones informales hace dos semanas, motivadas por la presión social amplificada por las manifestaciones propalestinas durante la Vuelta a España, el anuncio de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de considerar la suspensión de los acuerdos comerciales con Israel, y la intensidad de los ataques israelíes en la Franja.
El asunto planteaba desafíos significativos para la FIFA y la UEFA, dada la importancia geopolítica y económica de Israel. La UEFA, bajo el liderazgo de su presidente, Alexander Ceferin, intentó obtener el respaldo de las federaciones europeas para convocar a su Comité Ejecutivo y ejecutar la sanción contra Israel, pero se encontró con la oposición de algunas de las potencias futbolísticas del continente. Alemania, que no reconoce el Estado de Palestina, se posicionó como uno de los principales opositores a la exclusión, mientras que la federación española mantuvo una postura neutral. Turquía lideró los esfuerzos entre las federaciones favorables a la expulsión, buscando sumar apoyos para llevar a cabo la medida.
Para tomar una decisión de tal magnitud, la UEFA y la FIFA necesitaban no solo el respaldo de las sanciones internacionales, sino también la negativa de federaciones y clubes a enfrentarse a equipos y selecciones israelíes, como ocurrió con Rusia en 2022. Sin estos precedentes, existía el riesgo de que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) de Lausana fallara a favor de Israel, obligando a su readmisión. Ante la falta de convocatoria del Comité Ejecutivo de la UEFA, la responsabilidad recayó en la FIFA, cuyo Consejo se reunió este jueves, con Ceferin como vicepresidente. El plan integral de Trump impidió que la posible exclusión de Israel se incluyera en la agenda. Para Gianni Infantino, presidente de la FIFA, la decisión de expulsar al fútbol israelí era delicada, considerando su estrecha relación con Trump y la proximidad del Mundial 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, un proyecto deportivo de gran envergadura que requiere estabilidad política.
El Maccabi Tel Aviv, jugando como local en Back Topola (Serbia) contra el Dinamo de Zagreb, es el único club israelí que participa actualmente en un torneo europeo de fútbol. La selección de Israel se encuentra en plena fase de clasificación para el Mundial 2026, con un partido crucial contra Noruega programado para el 11 de octubre en Oslo. Este encuentro se perfila como un posible foco de protestas contra la ofensiva israelí en Gaza y a favor de la exclusión de Israel por parte de las organizaciones futbolísticas. Según fuentes internas, las plataformas pro-Palestina planeaban manifestarse en el estadio y aún no descartan llevar a cabo movilizaciones. Noruega, junto a España e Irlanda, se adelantó a la mayoría de Europa al reconocer el Estado de Palestina el pasado 24 de mayo, sumándose a Suecia, uno de los pocos países occidentales que ya habían tomado esa medida en 2014. Además, Noruega alberga una significativa comunidad palestina.
La desconfianza hacia el plan de Trump ha llevado a Amnistía Internacional a enviar una carta a la FIFA y a la UEFA solicitando la suspensión de la Asociación Israelí de Fútbol hasta que esta excluya de sus ligas a los clubes israelíes con sede en asentamientos ilegales. Amnistía Internacional recuerda que, mientras la selección israelí se prepara para los partidos de clasificación para el Mundial contra Noruega e Italia, Israel continúa “perpetrando un genocidio contra los palestinos de la franja de Gaza”. La organización denuncia que más de 800 deportistas, jugadores y funcionarios deportivos figuran entre las 65.000 personas que, según sus datos, han sido asesinadas por las fuerzas israelíes en una “campaña deliberada de devastación generalizada, desplazamiento forzoso y hambruna de civiles”, según palabras de Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional. Los impactos económicos del conflicto, sumado al aumento de la polarización política, complican aún más la situación.




