El mundo del alpinismo ha sido testigo recientemente de dos hazañas notables en el Himalaya, demostrando la capacidad humana para superar retos extremos. Andrzej Bargiel, el esquiador polaco, logró descender el Everest esquiando desde la cumbre hasta el campo base, una proeza que exigía condiciones óptimas y habilidad excepcional. Paralelamente, Carlos Soria, el alpinista abulense, conquistó la cima del Manaslu a los 86 años, culminando un sueño perseguido durante más de medio siglo. Ambas ascensiones resaltan la dedicación y la perseverancia en este deporte. El **alpinismo** extremo tiene sus propios riesgos y recompensas.
Según el reportaje de El País, ambos logros, tan diferentes en su ejecución como en sus protagonistas, ofrecen una perspectiva fresca y emocionante, lejos del ambiente comercial que a menudo rodea las rutas convencionales en las montañas de ocho mil metros.
El desafío de Bargiel radicaba en encontrar la “ventana de oportunidad” perfecta, es decir, evitar la congestión de escaladores que habitualmente se presenta en la cima del Everest. Necesitaba una vía libre para ejecutar su descenso con esquíes, aprovechando las condiciones favorables que el otoño ofrece en el Himalaya. Su experiencia previa como atleta de élite, sumada a su trayectoria en descensos extremos, incluyendo el K2 y otros sietemiles, fueron cruciales para este logro. El “uso del dron” fue una herramienta valiosa para monitorear su progreso y seguridad en el descenso. Además, Bargiel tuvo que superar obstáculos significativos durante su ascenso, como abrir huella en la nieve profunda, lo que le llevó 16 horas para alcanzar la cima desde el campo 4.
Por otro lado, la historia de Carlos Soria es una oda a la perseverancia y la pasión por el alpinismo. Su ascensión al Manaslu, 52 años después de su primer intento, representa la culminación de un sueño largamente acariciado. A pesar de los desafíos físicos propios de su edad, incluyendo una prótesis en la rodilla, Soria demostró que la edad no es un impedimento para alcanzar metas ambiciosas. Su tenacidad en el Dhaulagiri, donde realizó 14 intentos fallidos, refleja su espíritu inquebrantable. Este logro se suma a una trayectoria impresionante, con ocho de sus doce ochomiles conquistados después de los 60 años. Su ascenso fue un “asunto de equipo”, según se comenta en el noticiero, donde tuvo una muy buena amistad de muchos años con Luis Miguel López Soriano, quien fue el responsable de aportar la documentación gráfica del evento.
El reportaje también destaca la opinión de David Goettler, atleta de The North Face, quien subraya la exigencia física y mental del esquí de montaña, especialmente en altitudes extremas. Goettler relata la experiencia de sus compañeros en el Nanga Parbat, quienes tardaron tres días en descender con esquíes, mientras que él, volando, lo hizo en media hora. Esto ilustra la dificultad y el riesgo inherentes a esta disciplina. La “cascada de Khumbu” fue particularmente dificil, ya que tuvo que cruzarla sin ayuda de cuerdas fijas.



