La seguridad en eventos deportivos de alto calibre ha escalado exponencialmente en los últimos años, transformando la experiencia tanto para atletas como para espectadores. En este contexto, la Ryder Cup, uno de los torneos de golf más prestigiosos del mundo, se prepara para un despliegue sin precedentes. Este año, la edición de Nueva York ha extremado sus medidas de seguridad ante la confirmación de la visita del expresidente estadounidense Donald Trump al campo de Bethpage. La expectación es máxima, con miles de aficionados listos para presenciar el duelo entre los equipos de Estados Unidos y Europa.
Ryder Cup blindada
La seguridad se ha convertido en una prioridad absoluta, según el reportaje de El País. El torneo, que celebra su 98 aniversario, se ha blindado como nunca antes en su historia, adoptando medidas que recuerdan a las utilizadas en los aeropuertos. El objetivo es garantizar la seguridad de todos los asistentes y evitar cualquier posible incidente.
La organización ha establecido “puntos de control al estilo TSA”, replicando la tecnología avanzada empleada en los aeropuertos estadounidenses para la detección de elementos prohibidos. Estos controles estarán situados estratégicamente cerca de la casa club y en las gradas más próximas a las zonas de mayor afluencia, como el “tee de salida del primer hoyo” y el “green del último”, áreas por donde se espera que se desplace el expresidente Trump. Los espectadores que abandonen estas zonas y deseen volver a acceder deberán someterse nuevamente al riguroso control tecnológico. Las puertas de Bethpage se abrirán a las 5.00 de la mañana para la jornada inaugural, y se ha solicitado a los asistentes que reduzcan al mínimo los objetos personales que porten.
En las áreas de mayor concentración de público, como el inicio y el final del recorrido, se ha prohibido la entrada con “sillas plegables portátiles, dispositivos de vapeo, recipientes de metal o plástico duro, paraguas grandes (recomendándose el uso de ponchos), ordenadores y tabletas”. Todos los bolsos serán minuciosamente inspeccionados por los agentes de seguridad. Este refuerzo de la seguridad se produce tras recientes incidentes, como el atentado contra Charlie Kirk, y la participación de Trump en la Asamblea General de la ONU, donde adoptó una postura particularmente crítica hacia Europa, lo que ha elevado el nivel de alerta. La complejidad del terreno de juego, con sus “6,8 kilómetros de extensión”, añade un desafío adicional a las labores de seguridad. La Ryder Cup, considerada el tercer evento deportivo con mayor audiencia a nivel mundial, espera recibir a unos “50.000 espectadores”, cada uno de los cuales ha desembolsado al menos 750 dólares por una entrada para un solo día.
Ante la magnitud del evento, las autoridades han implementado un dispositivo de seguridad sin precedentes. “La probabilidad de que alguien intente utilizar un evento como este para hacerse notar aumenta”, ha declarado a BBC Sport el mayor Stephen Udice, de la Policía del Estado de Nueva York, el oficial encargado de las emergencias de la Ryder Cup. “Estamos planificando como si hubiera amenazas. Tenemos múltiples capas diferentes que alguien que quiera causar caos y daño tendrá que atravesar. Tenemos drones, vamos a tener varios helicópteros de la policía estatal, tenemos unidades químicas, biológicas, radiológicas y numerosos perros detectores de bombas”, añade Udice, reflejando la seriedad con la que se está abordando la seguridad en esta edición de la Ryder Cup.




