Huánuco vivió este fin de semana una movilización ciudadana que dejó un mensaje contundente: la defensa de sus áreas verdes no admite más postergaciones. Centenares de vecinos caminaron por las calles bajo una consigna clara —“cero tala de árboles, más áreas verdes y menos cemento”— para exigir que los proyectos urbanos no se conviertan en amenazas contra la biodiversidad ni en heridas irreversibles para el patrimonio natural de la ciudad.
El debate gira en torno a dos iniciativas impulsadas por el Gobierno Regional y la Municipalidad Provincial: Laguna Viña del Río y Alameda de la República. Ambas, según los colectivos ambientales, implicarían la tala de cientos de árboles y la transformación de espacios que hoy representan pulmones ecológicos y referentes culturales para Huánuco. En un contexto donde el cambio climático ya golpea con fuerza, ignorar estas advertencias sería una irresponsabilidad histórica.
El Gobierno Regional asegura que se están tomando medidas técnicas y que existen mesas de diálogo para recoger aportes ciudadanos. Sin embargo, los voceros de los colectivos denuncian que la consulta fue insuficiente y que sus propuestas fueron desestimadas bajo argumentos normativos y técnicos. La reciente negativa a la idea de un ecotúnel y la inviabilidad del mariposario propuesto revelan un desencuentro de fondo: mientras los técnicos hablan de viabilidad estructural, los ciudadanos hablan de sostenibilidad de vida.
Lo que Huánuco necesita no es un enfrentamiento entre planos arquitectónicos y pancartas, sino un proceso de diálogo genuino que busque puntos de convergencia. Retirar algunos componentes del proyecto oficial, como informó la Gerencia Regional de Infraestructura, es un avance. Pero mientras persista la percepción de que los proyectos se imponen desde arriba, la desconfianza ciudadana seguirá creciendo.
Las autoridades tienen el deber de recordar que el desarrollo no se mide solo en concreto ni en metros cuadrados construidos. También se mide en calidad del aire, en sombra para las futuras generaciones, en espacios públicos que promuevan identidad y cohesión social. Convertir la Alameda de la República en un proyecto cultural y turístico, como sugieren los colectivos, puede ser tan visionario como levantar nuevas vías o plazas.
Huánuco no puede resignarse a elegir entre progreso y medioambiente. Ambos son posibles si se apuesta por un urbanismo sostenible, con participación real de especialistas en ecología, arquitectura y ciudadanía organizada. Este es el momento para demostrar que la región puede innovar sin destruir, crecer sin olvidar y proyectarse al futuro sin renunciar a sus raíces.
El cemento puede levantar ciudades, pero solo los árboles y la naturaleza garantizan que esas ciudades sean habitables. La decisión está en manos de las autoridades, pero la voz de la ciudadanía ya ha dejado claro el camino: más verde, menos cemento.




