España asciende en el medallero del Mundial de Tokio gracias a la destacada actuación de María Pérez y Paul McGrath.

En el mundo del deporte de alto rendimiento, donde la exigencia física y mental alcanzan límites insospechados, los atletas buscan refugio en diversas fuentes de certeza. Desde la fe religiosa hasta la tecnología más avanzada, pasando por el apoyo psicológico y la camaradería, cada deportista construye su propio sistema de apoyo para afrontar la presión y la incertidumbre. La búsqueda de estabilidad es una constante en un entorno caracterizado por la volatilidad de los resultados y las expectativas. Los atletas recurren a psicólogos, conjuros, velas, rezos, estampitas, pruebas de esfuerzo, amistad, amor, fisiólogos, mánagers, consejos de Grok, big data, chips, GPS, pulsómetros, potenciómetros, tecnología, zapatillas y plantillas inteligentes.

El éxito en el atletismo, especialmente en disciplinas de resistencia, se entrelaza con la búsqueda de significado y apoyo tanto en lo tangible como en lo intangible, según el reportaje de El País. La reciente actuación de los marchadores españoles María Pérez y Paul McGrath en el Mundial de Tokio es un claro ejemplo de esta búsqueda constante. España ha logrado destacar en el medallero de este campeonato gracias a la destacada participación de estos dos atletas.

María Pérez, consolidada como la mejor marchadora mundial del momento, demostró su supremacía al conquistar dos medallas de oro en las pruebas de 20 y 35 kilómetros, sumando un nuevo doblete mundial a su impresionante palmarés. Su dominio en la pista es tal que, según Antonella Palmisano, campeona olímpica de marcha, solo Mondo Duplantis en la rama masculina puede compararse a su nivel. La amistad entre Pérez y Palmisano, forjada en la competencia y el apoyo mutuo, se hizo evidente cuando la italiana, a pesar de retirarse de la prueba por problemas de salud, no dudó en acercarle una bandera de España a su amiga para celebrar su victoria. El gesto de Palmisano subraya la importancia de la camaradería y el respeto en el deporte de alto nivel, incluso en medio de la rivalidad. Esta amistad se cultivó en Tokio, en los Juegos Olímpicos.

El camino hacia el éxito de María Pérez también está marcado por la fe y la tradición. Su entrenador, Jacinto Garzón, reconocido por su devoción a la tecnología de vanguardia, también encuentra consuelo en la fe, llevando consigo estampas de vírgenes y de Santa Teresa de Ávila. Antes de viajar a Tokio, Garzón y Pérez visitaron la ermita de la Virgen de Font Romeu para encender un cirio y pedir protección. Paul McGrath, por su parte, también recurre a la fe como un apoyo adicional en su desempeño. A pesar de su meticuloso análisis de datos y su conocimiento profundo de la historia de la marcha, McGrath confiesa que durante los últimos kilómetros de la prueba, rezaba para mantener su posición. Antes del Mundial, solía subir en bicicleta al monasterio de Montserrat en busca de ayuda divina, demostrando que la fe puede ser un complemento valioso para la preparación física y mental de un atleta de alto rendimiento. McGrath conquistó la medalla de bronce, en lo que fue su debut mundialista.