Un sismo de gran intensidad volvió a golpear el Lejano Oriente ruso. Este jueves, a las 18:58 hora local, un terremoto de magnitud 7.8 sacudió las costas de la península de Kamchatka, con epicentro a 128 kilómetros al este de Petropavlovsk-Kamchatsky y a una profundidad de solo 10 kilómetros. La escasa profundidad aumentó la preocupación de las autoridades, que de inmediato emitieron una alerta de tsunami para las zonas costeras.
Alerta inmediata
El Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico de Estados Unidos advirtió sobre posibles olas peligrosas en el litoral ruso. A través de sistemas oficiales y medios locales, la población fue alertada para evacuar las áreas de riesgo. En redes sociales se difundieron imágenes que mostraban el impacto del movimiento telúrico en viviendas y calles: muebles y electrodomésticos caídos, lámparas oscilando violentamente y automóviles desplazados por la vibración.
El gobernador de la región, Vladimir Solodov, pidió calma a la población y señaló que, hasta el momento, no se registran daños graves ni víctimas. Sin embargo, las autoridades mantienen la vigilancia ante el riesgo de réplicas y la evolución de la alerta de tsunami.
Una zona marcada por la sismicidad
La península de Kamchatka se encuentra dentro del Anillo de Fuego del Pacífico, una de las zonas más sísmicamente activas del planeta, donde la subducción de la placa del Pacífico bajo la placa norteamericana genera constantes terremotos.
Este nuevo evento ocurre apenas semanas después de un sismo de magnitud 7.4 en la misma región y menos de dos meses tras el devastador terremoto de magnitud 8.8 registrado el 29 de julio, calificado por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) como el más fuerte en más de una década. Ese megasismo, considerado el mayor desde el tsunami de Japón en 2011, dejó graves daños en comunidades costeras y reavivó el temor de que la zona pueda experimentar un evento de consecuencias catastróficas.
El recuerdo del terremoto de julio
El sismo de 8.8 magnitudes en Kamchatka fue comparado con el de Japón en 2011, que dejó más de 15.000 muertos y un desastre nuclear en Fukushima. Aunque las consecuencias en Rusia no alcanzaron esa magnitud, el episodio dejó en claro la vulnerabilidad de la región frente a terremotos de escala mayor y la necesidad de reforzar los sistemas de alerta y preparación.
Perspectivas
Especialistas señalan que la recurrencia de movimientos telúricos en Kamchatka podría anticipar nuevos episodios de gran magnitud. Mientras tanto, las autoridades rusas mantienen protocolos de emergencia activos y la población se mantiene en alerta, consciente de que vive en una de las zonas sísmicas más peligrosas del mundo.




