La literatura volvió a ocupar un espacio central en Huánuco con la presentación de Juegos Perdidos, la más reciente obra del escritor Jacobo Ramírez Mays. La ceremonia se desarrolló en el Paraninfo y congregó a representantes culturales, religiosos, académicos y un público lector que celebró con entusiasmo la aparición de este libro esperado por más de una década.
Según expresaron los organizadores, la obra reúne trece relatos que el autor trabajó durante más de diez años, en un proceso que combinó memoria personal, observación social y un estilo narrativo cargado de lirismo. En palabras de los asistentes, se trata de un libro que no solo revive juegos tradicionales de la niñez, sino que los convierte en símbolos universales de aprendizaje, nostalgia y resistencia frente al paso del tiempo.
La voz de los acompañantes
La mesa de honor estuvo integrada por el padre Osvaldo Rodríguez, Luis Mozombite y Andrés Jara. Cada uno de ellos destacó un aspecto particular de la obra. Rodríguez afirmó que el texto refleja la importancia de recordar “los momentos en que los adultos fuimos niños y crecimos jugando en comunidad”. Señaló que la lectura de Ramírez rescata valores de convivencia y solidaridad que suelen perderse en la adultez.
Por su parte, Andrés Jara, crítico literario y docente, explicó que Juegos Perdidos no debe confundirse con un inventario de juegos de antaño. A su juicio, el autor utiliza ese pretexto para hablar de la memoria, la pérdida y la dignidad de los recuerdos. “El libro apela a ese paraíso que todos los adultos hemos perdido, la infancia como símbolo de plenitud emocional”, declaró.
El papel de la madre como sostén narrativo
Uno de los aspectos más resaltados por Jara fue la presencia de la madre como personaje recurrente en los relatos. Aunque aparece de manera breve, consideró que su figura resulta determinante, pues aporta un “aliento poético y emocional que sostiene toda la obra”. En ese sentido, la madre se configura como soporte de la infancia y como una presencia silenciosa que da cohesión a las historias.
Este recurso literario, según los comentaristas, aporta una dimensión íntima y universal a los relatos, al mismo tiempo que conecta al lector con la experiencia de la maternidad como eje de la vida familiar.
Rancho: un escenario convertido en mito
Otro elemento central en la obra es el uso del pueblo de Rancho, ubicado al norte de Huánuco, como escenario narrativo. Los oradores coincidieron en que Ramírez convierte este espacio geográfico en un “escenario mítico”, comparable —guardando distancias— al Comala de Juan Rulfo o al Macondo de Gabriel García Márquez.
De acuerdo con Jara, este recurso literario transforma a Rancho en un personaje más de la obra, dotándolo de un aire legendario. La elección del pueblo, poco visible en el imaginario regional, constituye un rescate cultural que da identidad a los relatos y los vincula con la geografía huanuqueña.
El colofón como manifiesto
Al cierre de la ceremonia se dio lectura al colofón del libro, donde se expresa que “para los adultos, la mejor manera de intentar recuperar el paraíso perdido es refugiándonos en los recuerdos de la infancia”. Según se comentó, este fragmento resume la esencia de Juegos Perdidos: la memoria no es simple nostalgia, sino una herramienta para dignificar la vida presente.
El texto subraya que el tiempo, aunque implacable, puede volverse primavera si la memoria lo transforma en ternura. De acuerdo con los presentadores, esta visión convierte al libro en una invitación a rescatar humanidad en un contexto social donde predominan la prisa, la indiferencia y el olvido.
Una propuesta literaria con proyección regional
Los asistentes coincidieron en que Juegos Perdidos aporta una mirada introspectiva y crítica sobre el presente. No se limita a registrar costumbres del pasado, sino que propone reflexionar sobre cómo la infancia, aun distante en el tiempo, puede ser un refugio emocional en la adultez.
El sello de Ediciones La Posta, responsable de la publicación, destacó que la obra marca un aporte a la narrativa regional y proyecta a Huánuco en el panorama literario nacional. Para los críticos presentes, Ramírez ha logrado combinar memoria íntima con la construcción de un espacio mítico que puede ser leído tanto en clave local como universal.
Un autor que dialoga con la tradición
Finalmente, los comentaristas señalaron que la obra de Ramírez se inscribe en la tradición latinoamericana de escritores que han creado geografías míticas para expresar la complejidad de la vida. Comparaciones con Juan Rulfo, García Márquez o Juan Carlos Onetti fueron mencionadas como referentes, aunque siempre subrayando la originalidad del autor huanuqueño.
Con Juegos Perdidos, Jacobo Ramírez propone un viaje hacia el recuerdo de la niñez como territorio perdido pero nunca olvidado. Según coincidieron los participantes de la presentación, se trata de una obra destinada a convertirse en referencia de la narrativa huanuqueña, al ofrecer relatos que combinan memoria, mito y poesía.




