El Atlético de Simeone, atascado: fragilidad defensiva, inicio dubitativo en Champions y un promedio de goles encajados preocupante.

El reciente encuentro del Atlético de Madrid contra el Liverpool en Anfield ha desatado una ola de preocupación en torno al rendimiento defensivo del equipo dirigido por Diego Simeone. La fragilidad mostrada en los primeros compases del partido, sumada a errores puntuales en jugadas a balón parado, han puesto en evidencia una vulnerabilidad inusual en un equipo históricamente reconocido por su solidez defensiva. La derrota, marcada por el gol de Virgil van Dijk en el último suspiro, ha dejado una sensación agridulce tras la notable reacción del equipo colchonero. Este partido se suma a una serie de encuentros donde la defensa rojiblanca ha mostrado fisuras, contrastando con la tradicional fortaleza que caracteriza al estilo de Simeone y plantea interrogantes sobre la estrategia y el rendimiento individual de algunos jugadores.

Según el reportaje de El País, la derrota en Anfield expuso las debilidades defensivas del Atlético, sumando ya siete goles encajados en los cinco partidos disputados en lo que va de curso. Una estadística alarmante para un equipo acostumbrado a la solidez bajo la batuta de Simeone. De hecho, la única vez que el Atlético mantuvo su portería a cero fue en la victoria ante el Villarreal, evidenciando aún más la dificultad que está encontrando el equipo para mantener la consistencia defensiva.

El gol de Van Dijk, producto de un córner que el Liverpool suele ejecutar en momentos de presión, desnudó las carencias en la marca y los bloqueos previos al remate. Le Normand no pudo contener el salto del central holandés, y la defensa en zona, una estrategia habitual en este tipo de jugadas, no funcionó como se esperaba. Este tanto se suma a una lista de goles recibidos que tienen un denominador común: errores que evidencian una merma en la capacidad defensiva del equipo. El encuentro contra el Espanyol, donde un gol llegó precedido de una falta mal defendida, y el partido ante el Elche, con un empate concedido tras un saque de esquina a favor, son ejemplos de esta fragilidad. La repetición de estos errores ha generado frustración en Simeone, quien no dudó en expresar su descontento con la actuación de sus jugadores, y que llego a perder los nervios con un aficionado que le increpaba.

La elección de los jugadores para conformar la línea defensiva también ha generado debate. La suplencia de Mateo Ruggeri, un jugador en el que Simeone no parece depositar su total confianza, y la apuesta por Javi Galán, quien estuvo cerca de abandonar el club en el mercado de verano, son decisiones que han llamado la atención. La reconversión de Marcos Llorente como carrilero y tercer central, con Giuliano como quinto defensa en repliegue, es otra de las decisiones tácticas que no termina de encajar y que deja en evidencia la necesidad de un lateral diestro de garantías. El planteamiento defensivo, que busca anticipar las jugadas rivales, a menudo deja espacios a la espalda de Llorente, exponiendo al equipo a situaciones de peligro. La frustración de Simeone es palpable, y sus decisiones en la configuración de la defensa parecen ser un mensaje claro para la dirección deportiva, encabezada por Carlos Bucero.