Fuerte dispositivo policial con 1500 agentes para asegurar la etapa decisiva de la Vuelta en la Bola del Mundo, ante las protestas multitudinarias de grupos ecologistas y simpatizantes de la causa palestina.

La etapa culminante de La Vuelta a España se prepara para un sábado marcado por la **protesta**, donde la confluencia de reivindicaciones medioambientales y políticas amenaza con alterar el desarrollo normal de la competición. La situación se produce en un contexto global de creciente activismo, con movimientos sociales que buscan visibilizar sus demandas aprovechando eventos de gran repercusión mediática. Además, el debate sobre la sostenibilidad de eventos deportivos masivos y la participación de equipos de países en conflicto son temas cada vez más presentes en la agenda pública.

Protesta

Según el reportaje de El País, el grupo de Ecologistas en Acción de la Sierra de Madrid ha decidido sumarse este sábado a colectivos propalestinos para manifestar su descontento durante la etapa final de La Vuelta a España, en la Bola del Mundo.

El detonante para los ecologistas es el potencial impacto ambiental que podría generar el ascenso a la Bola del Mundo, un espacio natural protegido. Por su parte, los colectivos propalestinos focalizan su malestar en la guerra en Gaza y en la participación del equipo Israel-Premier Tech en la competencia ciclista. La suma de estos factores ha generado una movilización que promete visibilidad y alteración del curso habitual de la etapa.

El grupo La Sierra con Palestina ha intensificado sus llamamientos a “denunciar” lo que califican como un “genocidio sionista”, utilizando la plataforma X para divulgar un mapa detallado de la ruta del pelotón y con la intención de cubrir el recorrido con banderas de Palestina. El objetivo es maximizar la visibilidad de su causa durante la retransmisión del evento, buscando generar conciencia y presión sobre la situación en la Franja de Gaza.

Las autoridades han dispuesto un importante despliegue de seguridad para evitar incidentes y garantizar el desarrollo de la etapa. Se han movilizado 1.100 agentes de Policía, 400 de la Guardia Civil y 50 unidades de la Unidad de Intervención Policial (UIP). Este despliegue busca prevenir invasiones en la carretera, como las que se han registrado en etapas anteriores. El domingo, un centenar adicional de efectivos de la policía municipal reforzará la seguridad en la capital, durante la etapa final en Madrid.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha expresado su rechazo a la incursión de los grupos propalestinos, acusándolos de intentar “destrozar la imagen de España ante el mundo”. Estas declaraciones han provocado reacciones encontradas, con la portavoz de Más Madrid en la Asamblea regional, Manuela Bergerot, acusando a Ayuso de “ponerse de lado de los genocidas”. Este cruce de acusaciones evidencia la polarización política en torno al conflicto palestino-israelí y su impacto en la escena pública española.

Amai Varela, de Ecologistas en Acción, ha manifestado su intención de “repetir las protestas de 2010 y 2012” en el Puerto de Navacerrada. El grupo lleva semanas solicitando un recorte del tramo final hacia la Bola del Mundo, proponiendo que la etapa concluya en el Puerto de Navacerrada “como en años anteriores”, argumentando la alta protección medioambiental de la zona.

La Comunidad de Madrid ha confirmado la existencia de un informe ambiental favorable a la celebración de la etapa en la Bola del Mundo, aunque se ha negado a divulgar detalles del texto. La Consejería de Medio Ambiente asegura que “los técnicos han estudiado el impacto en la flora y fauna, considerando que no va a tener ninguna repercusión ambiental ni riesgo para los ecosistemas de la zona”. Sin embargo, Ecologistas en Acción insiste en que se incumple el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG), que exige que La Vuelta Ciclista comience y finalice en núcleos urbanos.

Además de la preocupación por el impacto ambiental, Ecologistas en Acción también protestará por la participación del equipo israelí en la Vuelta Ciclista, criticando la decisión de la organización de no vetar al equipo, “tal como ocurrió con el equipo ruso Gazprom” tras la invasión de Ucrania. Esta postura refleja la creciente tendencia a utilizar eventos deportivos como plataforma para expresar posicionamientos políticos y denunciar situaciones de conflicto.