Cada 14 de septiembre, la ciudad de Huánuco se viste de memoria y orgullo para conmemorar una de las gestas más significativas del camino hacia la independencia: la rebelión de 1812, conocida como el “Pillkumasicuna”. Este año se conmemoran 2012 años de la gesta histórica y se vienen organizando diversas actividades para su celebración. A continuación un repaso de lo que fue este hecho inolvidable para Huánuco.
Este levantamiento, considerado el segundo gran grito de libertad en el virreinato del Perú, fue protagonizado por campesinos, mestizos, criollos e indígenas que, unidos, decidieron desafiar al poder colonial español.
El eco de aquella sublevación sigue vivo en la identidad huanuqueña. Mediante una ordenanza regional, el 14 de septiembre fue declarado “Día de la Dignidad Huanuqueña”, en reconocimiento a la valentía de los pueblos de Panatahuas, Huamalíes y otras provincias que se alzaron con la esperanza de un futuro distinto. La bandera fucsia, reconocida oficialmente como el estandarte de la revolución, ondea como símbolo de esa primera enseña de libertad.
La historia recuerda a Juan José Crespo y Castillo como el indomable líder de aquella rebelión. Criollo de la propia ciudad, agricultor, minero y hombre de cargos públicos, supo encarnar el malestar de un pueblo agobiado por impuestos y abusos virreinales.
A su lado marcharon figuras entrañables como el curaca Norberto Haro, llamado Tupa Amaro por los indígenas, y José Rodríguez, alcalde de Huamalíes, junto a fray Marcos Durán Martel, Diego Haro, Mariano Silvestre y muchos otros que, con más coraje que armas, se lanzaron a la lucha.
El 22 de febrero de 1812, los rebeldes tomaron la ciudad de Huánuco tras derrotar a las fuerzas realistas en Huayopampa. Durante días, el movimiento gozó de victorias y de un fervor que unió a criollos y campesinos en un mismo ideal. Crespo y Castillo fue nombrado jefe político y militar, mientras en la Plaza de Armas resonaban los gritos de “huk yarpella” (un solo pensamiento), “huk kallpalla” (una sola fuerza) y “huk shungolla” (un solo sentimiento). El “Pillkumasicuna” era más que un levantamiento: era una declaración de dignidad.
Sin embargo, el virrey Abascal no tardó en reaccionar. Desde Tarma, el intendente José González de Prada encabezó la represión con tropas mejor armadas. La confrontación decisiva llegó en el Puente de Ambo en marzo de ese mismo año, donde cientos de indígenas rebeldes perdieron la vida. La derrota marcó el declive del movimiento, y pronto sus líderes fueron apresados.




