Volver a estar juntos: cómo lograrlo sin reincidir en viejos hábitos

La reconciliación, un tema recurrente en las relaciones humanas, plantea interrogantes sobre el perdón, la superación de conflictos y el impacto en los hijos. A pesar de los desafíos inherentes a la ruptura, un número significativo de parejas opta por darle una segunda oportunidad al vínculo amoroso, motivados por diversas razones que van desde el amor persistente hasta el temor a la soledad.

Según la investigación publicada por El Comercio, la reconciliación en las parejas, aunque compleja, es una opción considerada por muchos tras un divorcio o separación.

Este proceso de reencuentro, sin embargo, no está exento de obstáculos. Las causas subyacentes al fracaso anterior deben ser abordadas con honestidad y transparencia, asumiendo cada miembro de la pareja su cuota de responsabilidad. En este sentido, el perdón sincero y el compromiso de evitar la repetición de patrones destructivos son pilares fundamentales para construir una relación renovada.

El impacto del divorcio en los hijos es un factor determinante en la decisión de reconciliarse. Los menores pueden experimentar cambios drásticos en su entorno, como mudanzas de colegio o residencia, lo que afecta su desarrollo social y emocional. Además, la convivencia forzada con uno de los progenitores, en ocasiones no elegida libremente por el niño, puede generar tensiones y sentimientos de injusticia. La alienación parental, un fenómeno perjudicial donde uno de los padres intenta influir negativamente en la percepción que el hijo tiene del otro, agrava aún más la situación.

En cuanto al manejo de la reconciliación, se recomienda buscar apoyo terapéutico profesional. Un terapeuta puede guiar a la pareja en la gestión de sus emociones, ayudándoles a comprender su deseo de reunirse y a superar las diferencias irreconciliables del pasado. Los hijos, a menudo, actúan como un poderoso incentivo para la reconciliación, ya que la separación de ellos genera un profundo sufrimiento en los padres responsables. Es crucial que ambos progenitores informen conjuntamente a los hijos sobre el proceso de divorcio, lo que contribuye a un mejor ajuste psicológico a largo plazo.

Para aumentar las probabilidades de éxito en la reconciliación, es esencial reconocer los errores pasados y aprender nuevas formas de resolver conflictos. Destacar los aspectos positivos de la pareja y no concentrarse únicamente en lo negativo, rescatar los buenos recuerdos del pasado y sanar resentimientos son pasos importantes. La terapia de pareja puede proporcionar las herramientas necesarias para generar una relación renovada, donde se rescatan los aspectos positivos, se eliminan los malos hábitos y se construyen nuevas conductas. Es fundamental crear conciencia de que la armonía entre los padres influye directamente en la felicidad de los hijos.

No se aconseja una convivencia inmediata tras la reconciliación. Lo ideal es esperar a que el proceso terapéutico haya concluido y que los hijos perciban un cambio real en las actitudes y comportamientos de sus padres. El retorno al hogar debe generar tranquilidad y esperanza en los menores, ante la perspectiva de una dinámica familiar más saludable. Si la terapia de reconciliación no se maneja adecuadamente, puede ser saboteada por alguno de los miembros de la pareja, generando frustración y desconfianza. En última instancia, es preferible una separación saludable a una unión forzada que cause daño a ambas partes.