En el mundo del baloncesto europeo, la selección italiana emerge como un contendiente formidable, impulsada por una nueva generación de talento. Un momento que capturó la esencia de este cambio fue durante el reciente encuentro contra Georgia. El entrenador Gianmarco Pozzeco, conocido por su pasión desbordante, demostró su aprecio por el pívot Mouhamet Diouf, sustituyéndolo en los instantes finales de un partido ya prácticamente ganado. La efusividad del abrazo entre ambos, repetido incluso después de que Diouf se sentara en el banquillo, hablaba del reconocimiento a una actuación destacada: 13 puntos, cinco rebotes y una intensa batalla contra los jugadores más altos de Georgia. Este gesto simboliza el espíritu renovado de Italia, lista para enfrentarse a España en la fase de grupos del Eurobasket, un torneo que históricamente ha visto a Italia levantar el trofeo en dos ocasiones (1983 y 1999).
Según la investigación publicada por El País, Diouf, con sus 23 años y 2,08 metros, encarna esa sangre nueva y potencia atlética que complementa el tradicional talento ofensivo italiano. Italia se ha caracterizado por su juego perimetral, pero ahora encuentra un nuevo equilibrio en el juego interior. De forma similar, Saliou Niang, un escolta de 1,99 metros y 21 años, también originario de Dakar y compañero de Diouf en la Virtus Bolonia, ha causado sensación en su primera participación en un torneo de esta magnitud. Niang, tras debutar con la selección absoluta en febrero, se presenta como una promesa a futuro.
Sergio Scariolo, seleccionador de España, reconoció el desafío que presenta Italia. “Es un equipo con talento que ha añadido un poderío físico con la incorporación muy eficaz de Diouf y Niang sobre un eje ya muy cohesionado”, comentó. Sus palabras reflejan la preocupación por la capacidad italiana de generar problemas tanto en defensa como en ataque. Además, Scariolo advirtió sobre el peligro que representa Simone Fontecchio, un alero con experiencia en la NBA, destacando su actuación de 39 puntos contra Bosnia. El juego de Fontecchio, con su capacidad anotadora, es una amenaza constante para cualquier defensa.
Con el partido contra Italia y el posterior encuentro con Grecia en el horizonte, España se enfrenta a un momento crucial en el Eurobasket. Dos victorias asegurarían el primer puesto del grupo, permitiendo un cruce teóricamente más favorable en octavos de final. Sin embargo, cualquier otro resultado podría desencadenar empates y obligar a recurrir a la diferencia de puntos para determinar la clasificación final y los enfrentamientos. Francia se vislumbra como uno de los rivales más temibles en la siguiente fase. La clave para España estará en controlar el juego interior italiano y limitar la capacidad anotadora de Fontecchio, buscando así un camino más claro hacia las rondas finales del campeonato, donde la selección aspira a reeditar el título conseguido en 2022.




