Un aliado vegetal: reduce el azúcar y evita la anemia

La moringa, un árbol originario del norte de la India, ha ganado popularidad en los últimos años, pasando de ser cultivada en comunidades rurales de Asia y África a ser considerada un “superalimento” en el mundo del bienestar. Este auge se debe a su perfil nutricional único y a su versatilidad, ya que todas sus partes (hojas, semillas, flores y vainas) son aprovechables. Su historia se remonta a la medicina ayurvédica hace más de 4.000 años, y hoy se cultiva en varios países, incluyendo el Perú.

Según el reportaje de El Comercio, la moringa destaca por su potencial para mejorar la nutrición y la salud, aunque es importante separar la evidencia científica de las afirmaciones exageradas que circulan en redes sociales y publicidad.

La moringa se distingue por su alta densidad nutricional. Sus hojas son especialmente ricas en polifenoles, polisacáridos, proteínas, alcaloides, vitaminas (A, B1, B2, C y E) y minerales como calcio, magnesio, fósforo, potasio, sodio, zinc, hierro y selenio. La FAO reconoce a la moringa como un alimento clave para combatir la malnutrición, especialmente en comunidades vulnerables, dado su fácil cultivo y rápido crecimiento en suelos pobres. Este reconocimiento subraya la importancia de explorar su potencial en programas de seguridad alimentaria, con el fin de reducir la desnutrición y mejorar la calidad de vida.

Los beneficios para la salud que se le atribuyen a la moringa incluyen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, control de la glucosa en sangre, mejora del perfil lipídico y prevención de la anemia. Estudios sugieren que puede proteger las células del daño oxidativo, reducir procesos inflamatorios y mejorar la sensibilidad a la insulina. Sin embargo, es fundamental señalar que la mayoría de estos estudios se han realizado en animales o en condiciones de laboratorio, y que se necesitan más ensayos clínicos en humanos para confirmar estos efectos y establecer recomendaciones claras de uso.

La forma en que se consume la moringa también influye en sus beneficios. Las hojas frescas conservan mejor la vitamina C, mientras que al cocinarlas ligeramente se mejora la absorción de minerales. El polvo de hojas secas es práctico para obtener proteínas y antioxidantes, aunque pierde parte de la vitamina C. Se puede consumir en ensaladas, jugos, sopas, batidos, infusiones o como aceite de semillas, adaptándose a distintos estilos de vida. La dosis recomendada de polvo de hojas es de 2.4 a 7.2 gramos al día, considerada segura y eficaz.

Aunque la moringa es generalmente segura, existen algunas precauciones. No se recomienda su consumo en embarazadas, niños (salvo en preparaciones caseras bajo supervisión), personas con problemas de tiroides, enfermedades renales o hepáticas, o alergias. También puede interactuar con anticoagulantes, medicamentos para la diabetes o antihipertensivos, por lo que es crucial consultar con un médico antes de consumirla, especialmente en forma de suplementos o extractos concentrados. La moringa debe ser vista como un complemento a una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable, no como una solución mágica.