La reciente conmemoración del aniversario de Huánuco ha dejado una sensación opuesta al espíritu festivo que debería caracterizar esta fecha. Lo que debió ser un espacio de celebración y orgullo local se transformó en un escenario de caos urbano, desorden y malestar ciudadano, especialmente por la ocupación masiva de las vías públicas por parte del comercio informal, en un hecho calificado como sin precedentes por vecinos y transportistas.
Cuatro días antes del 15 de agosto, fecha central del aniversario, se pintaron espacios y se alquilaron puestos a comerciantes ambulantes desde el jirón Dos de Mayo en el óvalo San Sebastián hasta todo el contorno de la Laguna Viña del Río. Esta medida —impulsada por la actual gestión edil— agravó una situación ya crítica de informalidad, movilidad colapsada y deterioro del espacio público.
Según diversas denuncias ciudadanas, los puestos fueron distribuidos y señalizados (pintados en la pista) por personal de la Municipalidad Provincial de Huánuco, lo que deja serias interrogantes sobre la transparencia del proceso. La zona intervenida es una vía de conexión estratégica entre el centro y la salida hacia Cayhuayna, por lo que su bloqueo temporal provocó cuellos de botella vehiculares y restricciones severas para peatones, escolares y usuarios del transporte urbano.
El impacto social de esta decisión no solo se refleja en la movilidad urbana, sino también en la calidad de vida de los ciudadanos. Calles sucias, olores pestilentes, veredas bloqueadas y paraderos informales fueron parte del paisaje diario durante los días de feria, afectando especialmente a trabajadores, estudiantes y familias que se desplazaban por la zona. “Lejos de celebrarse el aniversario de la ciudad, uno lo único que desea es que acabe todo este caos”, expresó una madre de familia afectada por el desvío de rutas escolares.
Las condiciones ya precarias del comercio ambulatorio en Huánuco se han visto agravadas bajo la actual administración, que lejos de ordenar el espacio público, parecería estar facilitando su apropiación irregular. Voces vecinales han expresado su frustración al constatar que el desorden se institucionaliza y que, en lugar de fiscalizar, el municipio estaría actuando como operador de alquileres informales.
El alcalde Antonio Jara, quien inició su mandato con expectativas por su supuesta madurez política, ha sido señalado por la ciudadanía como responsable de permitir que el descontrol reemplace a la planificación. Para algunos analistas locales, su gestión estaría “marcando historia”, pero no por logros de desarrollo urbano, sino por haber permitido una expansión sin precedentes del comercio informal hasta zonas patrimoniales y de tránsito crítico.
La falta de un plan alternativo de rutas, la ausencia de campañas educativas para el uso responsable del espacio público y el silencio institucional ante las denuncias de cobros irregulares, configuran un cuadro preocupante para la ciudad. Más aún si se considera que Huánuco enfrenta desde hace años una crisis estructural de gobernanza en temas de ordenamiento y servicios básicos.




