EL QUIJOTE DE LA MANCHA Y LOS 100 AÑOS DE FERNANDO DE SZYSZLO

Cada cuadro terminado, es un fracaso para mí (Szyszlo).

Por: Israel Tolentino

La cola es gruesa, si tienes 65 años, entras sin pagar boleto. Caminamos por la Feria Internacional del Libro (FIL), con María Ostolaza y Paco Vílchez, los stands se ven como carnada para cazar nuevos lectores: pastas de colores, ostentosos diseños, bolsas colgadas en los hombros, ofertas, presentaciones, luces, muchas luces; la imagen del viejo librero no existe más. Entre la cola y parafernalia de compradores, colisionamos con un grupo de jóvenes que en avalancha y celulares en alto, se desviven por fotografiar a un ex entrenador de futbol, quien -como parte del mercado- presenta un libro. Exceden los motivos y los gustos, al final, todo medio que te conduzca a la lectura ¿vale?

Visiones del Hidalgo: Szyszlo frente al Quijote. Galería Municipal de Arte Pancho Fierro.

En una de las callejuelas abarrotadas de libros, centellea un punto extraño, como un caballo flaco en medio de motocicletas brillosas, se oferta el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, en una anticuada presentación para la juventud bulliciosa, curiosamente conectado con una enorme ploteado vertical con la figura, en cuerpo entero, de un artista importante en el desarrollo de la plástica peruana: Fernando de Szyszlo Valdelomar (1925-2017).

 Patricia Mondoñedo, jefa de colecciones y exposiciones del MAC.

Ahí no queda el encuentro, el libro ofertado como objeto coleccionable, fue ilustrado por Szyszlo cuando tenía 23 años. Este año, el artista cumple 100 años y dice la nota de prensa: “La presentación del domingo 17 de agosto a las 12 m. en la Galería Municipal de Arte Pancho Fierro (Pasaje Santa Rosa 116, Cercado de Lima) coincide con la clausura de la exposición “Visiones del Hidalgo: Szyszlo frente al Quijote”, que reúne los originales de estas ilustraciones. El evento no solo celebra la recuperación de una joya editorial olvidada, sino que rinde homenaje a tres figuras esenciales de la cultura peruana: Fernando de Szyszlo, Aurelio Miró Quesada y Luis Jaime Cisneros”. Un libro, como un ladrillo, capaz de sostener un stand, guarecer personas, contagiar el espíritu quijotesco, intentar sobrevivir a la distracción.

Paco Vílchez, Wilson Quesada, Horacio Rico y María Ostolaza con “El Quijote de la Mancha” en la FIL.

Fernando de Szyszlo, fallecido hace pocos años, artista publicitado asiduamente mientras vivía, hoy, en pocos años echado al olvido, suerte que lamentar, destino por donde todos se encaminan. Entre los significativos y modestos homenajes a la figura y obra de dicho artista, se suma el realizado en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), con la curaduría de Augusto del Valle, exposición: “Szyszlo 100 años”. Del mismo modo, en el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega de la cancillería, en Lima, se presentó el material: “Szyszlo centenario. Muestra bibliográfica”. Todos los que hemos conocido a don Fernando vivo, podemos preguntarnos como Sancho Panza: ¿Qué gigantes? la respuesta, otra pregunta ¿contra quienes se lucha? La muerte, cada vez sinónimo de desidia, clara imagen del artista como quijote fantaseando combatir ya no con el tiempo, sino contra el ser humano.

Con la escultura “Autorretrato” (1979) de Fernando de Szyszlo en el MAC.

Encontrarlo en la feria no es entonces casualidad, a toda esa fortuna aguarda de pie, entre el muro de libros sobre “El Quijote” (tranquilamente pasa como instalación), Horacio Rico, el provocador de este encontronazo extraño. Tres personajes de flacura se alinean esa noche: el muro hecho con el símbolo de Miguel de Cervantes Saavedra; Szyszlo y las 40 aguatintas asumidas a los 23 años para ilustrar el libro; Horacio Rico, con bufanda en cuello, exhumando un legado adquirido en un momento de epifanía.

La obra de Szyszlo tiene apariencia fáctica, la corporeidad de su pincelada hace que frente a su pintura, uno se encuentre primero con el autor antes que con el motivo. Envejece para algunos pero, hay un atisbo en su construcción que capea esas arrugas, el glamur actual distrae la opacidad de su superficie, sin embargo, a la lectura de modernidad de su tiempo, Szyszlo supo darle universalidad con el relato andino. Nos espera la otra narración, aquella donde con su obra, el lenguaje universal sucumbió al discurso telúrico nacional (Pozuzo, agosto 2025).