Diez por ciento de los jóvenes son dependientes de las redes: ¿qué los impulsa a permanecer siempre en línea?

La adicción a las redes sociales en adolescentes se ha convertido en una problemática latente que requiere atención inmediata. Estudios recientes revelan que uno de cada diez jóvenes muestra signos de dependencia, un fenómeno que no solo impacta su rendimiento académico y relaciones sociales, sino también su bienestar emocional y psicológico. La constante necesidad de estar conectados genera una ansiedad que, a largo plazo, puede desencadenar serios problemas de salud mental.

Según el reportaje de El Comercio, el fenómeno conocido como FOMO (Fear of Missing Out) digital es un factor clave en la adicción a las redes sociales, especialmente entre los más jóvenes.

El FOMO digital, definido por la psicoterapeuta Liliana Tuñoque de Clínica Internacional como la ansiedad por no estar al tanto de lo que ocurre en redes sociales, videojuegos o eventos online, impulsa a adolescentes como Sofía, de 12 años, a revisar constantemente sus teléfonos. Este miedo a perderse algo importante los lleva a sacrificar horas de sueño, descuidar sus estudios y hasta poner en riesgo su integridad física, como en el caso de Sofía, quien llegó a dejar caer su celular en la ducha por estar pendiente de un chat.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido sobre este creciente problema a nivel global. Un estudio realizado en 44 países reveló que un porcentaje significativo de adolescentes presenta un uso problemático de las redes sociales. Además, el informe destaca que la vulnerabilidad a este tipo de adicciones es mayor en menores debido a que su cerebro aún se encuentra en desarrollo, lo que dificulta el control de impulsos y emociones. De hecho, se estima que el 34% de los adolescentes juegan videojuegos a diario y el 22% dedica al menos cuatro horas diarias a esta actividad. Este uso excesivo puede tener consecuencias negativas en su desarrollo cognitivo y social.

La psicóloga clínica Ana Ramírez señala que el FOMO digital se manifiesta de manera diferente según la edad. En niños, la necesidad de estar al tanto de conversaciones grupales, juegos en línea y tendencias virales es más común. En adolescentes, la presión por la aceptación social y la validación a través de “likes” y comentarios en redes sociales se intensifica. Investigaciones sugieren que las niñas pueden experimentar mayor ansiedad relacionada con la pertenencia social y la imagen, mientras que los niños pueden manifestarlo más en el ámbito de los videojuegos competitivos.

Las plataformas digitales, como Instagram, TikTok y Snapchat, contribuyen a exacerbar el FOMO digital. Estas redes sociales se basan en la actualización constante y en mostrar solo los aspectos más atractivos de la vida de los demás, generando en los adolescentes la falsa percepción de que siempre se están perdiendo algo emocionante. En el mundo de los videojuegos, títulos como Fortnite y Roblox también refuerzan esta idea al lanzar eventos y recompensas exclusivas que desaparecen si no se está conectado. Incluso aplicaciones de mensajería como WhatsApp y Discord promueven la idea de que es necesario estar siempre disponible para no perderse ninguna conversación o plan.

La detección temprana del FOMO digital es fundamental para prevenir consecuencias negativas a largo plazo. Algunas señales de alerta incluyen el chequeo constante del teléfono, incluso en momentos inapropiados, irritabilidad o cambios de humor al no poder conectarse, sacrificio de horas de sueño para estar en redes sociales, pérdida de interés por actividades que antes se disfrutaban y comparación constante con compañeros en función de lo que ven en redes. Si se observan estas señales, es importante buscar ayuda profesional para abordar el problema de manera efectiva. Asimismo, datos recopilados por Common Sense Media indican que los adolescentes pasan un promedio de nueve horas al día consumiendo contenido en redes sociales, lo que subraya la magnitud del desafío.