Un 10% de los adolescentes: adictos a las redes y su constante necesidad de estar en línea

La dependencia digital se ha convertido en una creciente preocupación entre jóvenes y adolescentes, impulsada por la omnipresencia de dispositivos móviles y redes sociales. Este fenómeno, que antes se consideraba un problema aislado, ahora afecta a una porción significativa de la población juvenil, con implicaciones en su bienestar emocional, rendimiento académico y relaciones interpersonales. La necesidad de estar constantemente conectado ha generado nuevas formas de ansiedad y comportamientos adictivos que requieren atención tanto a nivel familiar como educativo.

Según el reportaje de El Comercio, la presión social y la validación en línea son factores clave que contribuyen al desarrollo del FOMO digital (Fear of Missing Out), un estado de ansiedad provocado por el miedo a perderse algo importante en el mundo virtual.

El FOMO digital, como se ilustra en el caso de Sofía, una niña de 12 años que revisa compulsivamente su teléfono y descuida otras actividades, se manifiesta en diversas formas. Desde la necesidad de participar en conversaciones grupales hasta la búsqueda de aprobación a través de “likes” y comentarios, los jóvenes se ven atrapados en un ciclo de validación constante. Esta situación se agrava por el diseño de las plataformas digitales, que fomentan la comparación social y la actualización constante de contenido, creando una sensación de urgencia y la percepción de que todos los demás están viviendo experiencias más emocionantes.

Estudios recientes, como el de la Organización Mundial de la Salud (OMS), revelan que 1 de cada 10 adolescentes presenta un uso problemático de redes sociales, y un porcentaje significativo dedica horas excesivas a videojuegos. Esta adicción a la tecnología tiene un impacto directo en el desarrollo cerebral de los menores, dificultando el control de impulsos y emociones. La pediatra Genon Wicina, de Cleveland Clinic, señala que la interacción temprana con la tecnología, que comienza alrededor de los 8 o 9 años, puede ser el inicio del FOMO digital, intensificándose durante la adolescencia (12 a 16 años) debido a la presión social y la necesidad de aceptación.

Las plataformas digitales, incluyendo redes sociales como Instagram, TikTok y Snapchat, y videojuegos como Fortnite, Roblox y Minecraft, están diseñadas para mantener a los usuarios enganchados. La psicóloga clínica Ana Ramírez explica que estas plataformas utilizan estrategias como la actualización constante, la presentación de contenido atractivo y eventos exclusivos para generar una sensación de urgencia y la necesidad de estar siempre conectado. Incluso las aplicaciones de mensajería, como WhatsApp y Discord, refuerzan la idea de que es necesario estar disponible en todo momento para no perderse conversaciones y planes.

Para detectar el FOMO digital en casa, es crucial observar la frecuencia e intensidad de la conducta del niño o adolescente. Señales de alerta incluyen la revisión constante del teléfono, la irritabilidad al no poder conectarse, el sacrificio de horas de sueño, la pérdida de interés por actividades offline y la comparación constante con otros usuarios de redes sociales. La decana de la carrera de psicología de la Universidad Científica del Sur, Liseth Paulett, advierte que la falta de supervisión en el uso de dispositivos puede facilitar el desarrollo de conductas asociadas al FOMO digital, especialmente durante la noche.

La psicóloga Leslie Spencer, de Fundación MAPFRE, destaca que el FOMO digital, cuando se prolonga en el tiempo, puede generar inseguridad, fatiga mental, disminución de la concentración y debilitamiento de las relaciones interpersonales. La psicoterapeuta de Clínica Internacional añade que este miedo constante a perderse algo afecta la autoestima de los menores, quienes se comparan con las vidas “perfectas” que ven en redes sociales y se aíslan. Ante esta situación, es fundamental que padres, educadores y la sociedad en general tomen medidas para prevenir y abordar el FOMO digital, promoviendo un uso saludable de la tecnología y fortaleciendo el bienestar emocional de los jóvenes.