Donald Trump elevó la presión sobre Bruselas al advertir que impondrá aranceles del 35% a las importaciones europeas si la Unión Europea no materializa la inyección de US$600.000 millones en la economía estadounidense que, según él, forma parte del entendimiento político alcanzado a fines de julio. La advertencia llegó en una entrevista con CNBC, pocos días antes de la entrada en vigor del nuevo arancel tope del 15% que sustituye al 30% anunciado previamente, y que fue pactado como parte de una tregua para evitar una escalada arancelaria transatlántica. Trump calificó ese monto de inversión como un “regalo” que Washington podría destinar “a lo que quiera” y avisó: si no se cumple, “pagarán aranceles del 35%”.
Qué dice el acuerdo UE–EE.UU. y por qué los “600.000 millones” se volvieron la cláusula de choque
El pacto político del 27 de julio fija un arancel estadounidense máximo de 15% sobre la gran mayoría de exportaciones de la UE, con excepciones donde el arancel NMF supere ese límite; en esos casos rige el NMF sin recargos adicionales. Además, incorpora “aranceles cero” selectivos y un paquete de compras estratégicas europeas (energía —GNL, petróleo, nuclear— y componentes como chips de IA) estimado en US$750.000 millones, junto con un aumento de adquisiciones de equipamiento militar estadounidense. La Comisión Europea ha descrito ese 15% como un techo “todo incluido” que evita acumulaciones, y que, en términos efectivos, acerca la carga promedio a niveles cercanos al 10% cuando se descuenta el arancel NMF preexistente. La controversia gira en torno a la naturaleza de los US$600.000 millones: mientras Trump los plantea como una transferencia directa condicionante, análisis europeos sostienen que reflejan, sobre todo, anuncios de inversión del sector privado en un horizonte plurianual, sin carácter jurídico vinculante.
El giro al 35%: escenarios de riesgo y sectores más expuestos
Si la amenaza de elevar al 35% se concreta, el golpe recaería primero en sectores con cadenas de suministro transatlánticas profundas: automotriz y autopartes; bienes de capital; agroalimentario premium (quesos, vinos, carnes procesadas); químicos y parte del textil. La elasticidad de corto plazo es baja en varios de estos rubros, por lo que el traslado a precios o la erosión de márgenes sería inmediata. Una tasa del 35% significa triplicar el tope vigente, alterando presupuestos y contratos. En paralelo, Washington ha deslizado potenciales aranceles sectoriales adicionales (como a farmacéuticas de hasta 250% en escenarios extremos), mientras mantiene recargos elevados en acero y aluminio (50%), lo que ampliaría la incertidumbre regulatoria y de costos para exportadores europeos.
Qué puede hacer Bruselas: contención, contrapropuestas y “cumplimiento demostrable”
La UE ha priorizado evitar la escalada: aceptó el tope del 15% y pospuso contramedidas por seis meses para perfilar exenciones y aclaraciones, especialmente en automoción y farmacéuticos. Tres vectores de respuesta se perfilan si sube la tensión: 1) acelerar compras energéticas comprometidas para mostrar “cumplimiento demostrable” en el corto plazo; 2) desplegar salvaguardias internas temporales y líneas de apoyo a sectores expuestos, mientras se negocian listas de productos con trato preferente; 3) preparar medidas espejo calibradas bajo OMC si EE.UU. eleva sin causa el arancel al 35%. Varios gobiernos han saludado el acuerdo de julio por aportar previsibilidad y evitar una crisis inmediata, pero alertan de impactos potenciales en automotriz, agro y metalurgia si las amenazas se ejecutan.
Implicancias para América Latina y Perú: desvío de comercio y ventanas tácticas
Una presión arancelaria mayor entre UE y EE.UU. suele generar desvíos de comercio. Para productores latinoamericanos, incluido Perú, pueden abrirse ventanas tácticas en nichos donde Europa pierda competitividad precio en el mercado estadounidense: agroexportaciones diferenciadas, pesquería procesada, químicos básicos y algunos bienes intermedios. Sin embargo, ese “rebote” no es automático: depende de reglas de origen, cupos, costos logísticos y de si EE.UU. extiende su agenda arancelaria a otros orígenes. Dado que Washington también ha tensado con México, Canadá, China y otros socios, las oportunidades podrían ser volátiles y de corta duración. Para empresas peruanas, la estrategia prudente pasa por: 1) monitorear listas arancelarias y HS codes afectados; 2) simular sensibilidad de demanda bajo distintos aranceles; 3) explorar contratos spot con distribuidores estadounidenses que busquen sustitución temporal de oferta europea; 4) asegurar compliance y certificaciones para una entrada rápida cuando se abran huecos de mercado.
Lo que sigue: ventanas de negociación y reloj político
El cronograma inmediato es clave. El tope del 15% ya entró en vigor, con un periodo en el que Bruselas y Washington afinan exenciones, sectores sensibles y cronogramas. La amenaza del 35% funciona como palanca de negociación de Trump para “amarrar” la materialización del paquete de inversiones y compras. La UE intentará traducir compromisos corporativos en métricas verificables que satisfagan a Washington sin convertirlos en una “donación” pública. Al mismo tiempo, el clima de mercados seguirá atento: shocks arancelarios previos ya mostraron capacidad de golpear bolsas y encarecer insumos. En este tablero, la previsibilidad dependerá menos del texto del acuerdo y más de la ejecución, el conteo de “cumplimientos” y la política doméstica estadounidense en los próximos meses.




