En una coyuntura internacional marcada por tensiones de frontera y cuestionamientos a tratados históricos, la presidenta del Perú, Dina Boluarte, elevó la voz desde Japón. Fue enfática: “No hay nada que tratar [sobre la isla de Santa Rosa], de ninguna manera”, en respuesta al presidente colombiano Gustavo Petro, quien desconoció la soberanía peruana sobre este punto estratégico del río Amazonas. La mandataria peruana remarcó la unidad nacional y reiteró el respaldo de instituciones y ciudadanos por la defensa de la soberanía en Santa Rosa de Loreto, jurisdicción que viene siendo administrada por Perú desde hace más de medio siglo, conforme lo establecen el Tratado Salomón-Lozano (1922) y el Protocolo de Río de Janeiro (1934).
Geografía, historia y convivencia: Santa Rosa, el verdadero rostro amazónico
La isla de Santa Rosa, ubicada en la triple frontera con Colombia y Brasil, surgió naturalmente alrededor de 1970 como parte de la isla Chinería. Hoy alberga una comunidad diversa de peruanos, ticunas y migrantes de los tres países, lo que le otorga un carácter multifacético. En sus calles se mezclan el español, ticuna y portugués, mientras la identidad peruana se reafirma a través de festividades y símbolos nacionales. En la cotidianidad se observa una convivencia pacífica y fuerte sentido de pertenecía, desmarcándose de los nacionalismos exacerbados en los centros urbanos. La creación reciente del distrito de Santa Rosa, que comprende varias comunidades, refuerza la institucionalidad peruana en la zona, y si bien Colombia sostiene la necesidad de una comisión binacional, en la práctica los pobladores se identifican como peruanos y conviven en paz.
Más allá del conflicto: desafíos y oportunidades en el Amazonas
Lo que para la diplomacia parece un punto de quiebre, para los habitantes es un escenario de cooperación y comercio diario. El gobierno peruano sostiene que su soberanía no admite discusión y llama a enfocarse en temas de salud, infraestructura y desarrollo amazónico. El premier peruano viajó a Santa Rosa con su gabinete para reforzar proyectos de Estado y dialogar con la población, mientras Colombia advierte con acudir a la Corte Internacional. Las cancillerías, entre notas de protesta y llamados institucionales, insisten en el respeto a los tratados y a la vocación de paz.
Expertos consideran el episodio como una expresión de tensiones internas más que una amenaza geopolítica real. En la triple frontera, el diálogo local prevalece y la diplomacia debe buscar soluciones técnicas ante cambios geográficos y demandas comunitarias, evitando que los gestos políticos escalen el conflicto. Santa Rosa permanece, entonces, como símbolo de la integración y el reto de administrar eficazmente la diversidad amazónica, más allá de los fuegos cruzados diplomáticos.




