IA: ¿Ya es un asunto político en la pugna global por su avance?

La inteligencia artificial, otrora un campo de investigación discreto, se ha transformado radicalmente en un escenario de competencia global. Hace tres años, la presentación de ChatGPT por OpenAI marcó el inicio de una nueva era, desatando una carrera en la que las principales potencias mundiales buscan liderar el desarrollo de esta tecnología, cada una con estrategias y enfoques particulares. Esta evolución ha trascendido lo puramente tecnológico, convirtiéndose en un asunto geopolítico de primer orden.

Según la investigación publicada por El Comercio, el panorama global de la inteligencia artificial ha experimentado cambios significativos desde 2022.

El panorama actual está marcado por la politización de la IA, evidenciada en las acciones de figuras como Donald Trump, quien, durante su mandato, firmó un plan de acción con el objetivo de desregularizar la inteligencia artificial en Estados Unidos, buscando asegurar el liderazgo del país en este campo. Trump argumentó que era crucial evitar un futuro dominado por algoritmos que reflejen los valores e intereses de adversarios geopolíticos. Esta postura refleja una visión de la IA como un activo estratégico que debe ser protegido y promovido a nivel nacional. La preocupación por el control de la información y la influencia cultural que puede ejercer la IA generativa es un factor clave en esta politización. Se estima que para 2030, la IA podría contribuir con hasta $15.7 trillones a la economía global, lo que subraya la importancia económica de liderar este sector.

Edwin Huaynate, experto en estrategias de inteligencia artificial, destaca que la IA ha evolucionado desde un simple avance técnico hasta convertirse en una disputa, principalmente entre Estados Unidos y China. Esta competencia recuerda a la Guerra Fría tecnológica, donde la hegemonía se mide en términos de innovación y despliegue de nuevas tecnologías. La IA, según Huaynate, se ha transformado en un recurso estratégico con un papel geopolítico comparable al del petróleo en el siglo XX, influyendo directamente en el poder económico, militar, diplomático y cultural de las naciones. La inversión en IA ha crecido exponencialmente, con un aumento del 40% en 2023, alcanzando los $500 billones a nivel mundial.

La estrategia de Estados Unidos, delineada en tres pilares, incluye la inversión en infraestructura, la “diplomacia de la IA” para establecer alianzas internacionales y la lucha contra el “sesgo ideológico” en la IA generativa. En contraposición, China promueve la autosuficiencia en investigación y desarrollo de tecnologías basadas en IA, con inversiones estatales masivas y un modelo centralizado que integra la IA al aparato estatal y de vigilancia. Según la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC), China lidera la creación de modelos de IA, con 1.509 modelos, representando el 40% del mercado mundial. Este enfoque ha permitido a empresas chinas como DeepSeek irrumpir en el mercado de chatbots. Se prevé que el mercado de la IA en China alcance los $26 billones para 2026, consolidando su posición como líder global.

La competencia en el campo de la IA también involucra a otras potencias como Reino Unido y Francia, que han mostrado interés en colaborar para fortalecer su posición en Europa. Mientras que Francia cuenta con Mistral AI, Reino Unido alberga DeepMind Technologies. Sin embargo, la estrategia europea apunta a la regulación y a la promoción de una IA centrada en los derechos humanos y la transparencia. La Unión Europea aprobó la Ley de Inteligencia Artificial en 2024, estableciendo un marco legal para el desarrollo y uso de la IA que prioriza la seguridad y los derechos fundamentales.

En este contexto, el usuario final y el consumidor se enfrentan a nuevos desafíos. La desregulación de la IA, como la propuesta por Donald Trump, puede generar problemas como la amplificación de la desinformación, el refuerzo de sesgos discriminatorios y el desplazamiento de empleos. El especialista en IA enfatiza el papel crucial del consumidor, las empresas e instituciones en exigir plataformas con ética transparente, leyes de protección de datos y la verificación de información antes de compartirla. La alfabetización digital se presenta como un factor clave para un mejor uso de la inteligencia artificial y para mitigar los riesgos asociados a su desarrollo descontrolado. El 67% de los consumidores expresan preocupación por la privacidad de sus datos al interactuar con sistemas de IA, lo que subraya la necesidad de un enfoque ético y responsable en el desarrollo y despliegue de esta tecnología.