Tanto las autoridades locales, el presidente del Gobierno Regional, y como para gran parte del empresariado en Huánuco, hablan mucho el tema de seguridad ciudadana, sin embargo, cuando llega el momento de actuar, todos se hacen los locos y nadie asume su responsabilidad. Nos da la impresión que para las autoridades este un tema relativamente parecido a los de descentralización, democracia, derechos humanos o desarrollo económico, metas ideales a las que nadie se opone. Pero con el agregado de que la inseguridad y la violencia son términos con significados que varían dependiendo de quién los diga. Entonces tenemos que la seguridad ciudadana se ha convertido en el caballo de batalla para oficialistas y opositores, es un tema que mejor es tenerlo en el limbo, entre la promesa y la acción concreta, porque denunciar la falta de ella o prometer algo en su nombre, reditúa políticamente. Esto a sabiendas que no se están reduciendo las cifras de asaltos, homicidios, de robos y de hurtos, en Huánuco ni en ninguna de sus provincias.
Todos reclamamos por seguridad ciudadana, y cuando somos víctimas de la violencia, muchas veces no denunciamos. Como podemos esperar un cambio del sistema sino nosotros como ciudadanos tampoco aportamos a que este funcione. Ahora, también está el temor y la desconfianza ciudadana debido al aparato de corrupción existente en las instituciones del estado. ¿Cómo voy a denunciar que he sido víctima de robo, si al delincuente que me robó ya fue liberado por un delito similar ya sea por la fiscalía o la policía?
El último informe sobre seguridad ciudadana del INEI muestra una reducción de dos puntos en algunos rubros (robos a viviendas y de automóviles), pero un aumento de 5 puntos en asaltos por celulares, desconfianza en la Policía Nacional y el Poder Judicial.
¿Qué plantean el Gobierno Regional, la Policía Nacional la Fiscalia y el Poder Judicial? Se limitan a emitir cumplidores discursos sobre la necesidad de recuperar los valores perdidos, la necesidad del uso de la fuerza para contrarrestar la violencia, en fin, la necesidad de recuperar el alicaído principio de autoridad.



