Desde las primeras luces del martes 29 de julio, un ambiente cargado de expectación y patriotismo se apoderó de la avenida Brasil. Miles de ciudadanos llegaron con banderas y cámaras en mano para presenciar la Gran Parada y Desfile Cívico Militar 2025, el acto central de las celebraciones por el 204° aniversario de la independencia nacional. El despliegue, que recorrió 29 cuadras de los distritos de Jesús María, Pueblo Libre y Breña, reunió a las principales instituciones armadas del país, delegaciones extranjeras y diversas agrupaciones civiles, en lo que sería una ceremonia marcada por el fervor, la solemnidad y también por las expresiones ciudadanas de descontento político.
Fuerzas Especiales y Policía Nacional: El furor de la multitud
El despliegue militar comenzó con la participación de los veteranos de guerra y de la pacificación nacional, incluidos los héroes de Chavín de Huántar y combatientes del Alto Cenepa. Ellos recibieron uno de los aplausos más sentidos de la jornada. Posteriormente, hicieron su ingreso las unidades emblemáticas de la Policía Nacional y las Fuerzas Especiales.
La Policía Nacional movilizó una imponente variedad de agrupamientos: desde el paso gallardo del regimiento de caballería, la Compañía de Alumnos de la Escuela de Suboficiales y la Compañía de Cadetes de la Escuela de Oficiales, hasta la participación de unidades como el Grupo Grecco, la emblemática banda vestida de rojo y blanco, y la Unidad Canina que causó sensación entre los espectadores.
Uno de los momentos más emotivos fue la última participación oficial de ‘Chato’, el perro policía paracaidista de la División de Operaciones Especiales (DINOES). Con once años de disciplina y valentía, y luciendo su uniforme táctico completo, Chato desfiló ante el reconocimiento del público que ovacionó su trayectoria como símbolo de la dedicación y lealtad institucional.
El despliegue de la SUAT, el Escuadrón Verde y el Grupo Terna —incluidos agentes mimetizados como personajes populares para labores de inteligencia— añadió un matiz de admiración y entusiasmo entre los presentes. La labor de estos cuerpos, vitales en control de disturbios, operaciones especiales y seguridad ciudadana, fue resaltada por la multitud a su paso frente a la tribuna de honor.
Además, la jornada fue escenario del paso de motorizados de la Policía, la banda musical de la institución y agrupamientos históricos. Tanto en suelo como en el aire, con la presencia de helicópteros de las Fuerzas Armadas, se consolidó una imagen de coordinación, disciplina y fortaleza.
Diversidad, cultura y mensaje social
No sólo la marcialidad fue protagonista: delegaciones como la Compañía Urbana de mujeres de la Fuerza Aérea, agrupaciones multipropósito, unidades de búsqueda y rescate, bomberos y personal de salud (MINSA, SAMU, ESSALUD) desfilaron con orgullo. La creatividad peruana también se evidenció en detalles como asistentes sentados sobre bloques de tecnopor y la oferta de potentes desayunos típicos en las calles que rodeaban el evento.
Durante la ceremonia, desfilaron excadetes de colegios militares, beneficiarios de programas sociales como Pronabec y representantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Senati y el histórico colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Las delegaciones extranjeras de Argentina, Chile, Colombia, Panamá, Italia y Francia reforzaron el carácter internacional de esta edición, aportando un matiz de fraternidad y respeto mutuo entre naciones.
El plano cultural estuvo enriquecido por danzas y trajes típicos como los del Carnaval de Ayacucho y la pandilla Moyobambina, reflejando la riqueza regional y la identidad pluricultural del Perú.
La seguridad del evento fue reforzada con operativos de desvío vehicular y presencia policial encubierta, asegurando el orden pese al flujo inédito de asistentes y la prolongación del cierre vehicular desde la medianoche hasta las 3:00 p.m. de ese día.
Cierre y reflexión tras la celebración patria
Luego de más de dos horas, el jefe de línea anunció el fin oficial del desfile. Las instituciones participantes recibieron los últimos honores, mientras la presidenta Boluarte se retiraba bajo estrictas medidas de resguardo, acompañada por miembros del gabinete y bajo la algarabía —y el reclamo— del público.
La jornada culminó con la tradicional retirada de las fuerzas y músicos, pero dejó en evidencia desafíos sociales pendientes: el reclamo ciudadano por seguridad, las muestras de escaso civismo como la acumulación de residuos en la avenida Brasil y la necesidad de fortalecer el vínculo entre autoridades y sociedad. La imagen de la avenida, repleta de residuos al final del evento, abrió el debate sobre cultura ambiental y responsabilidad ciudadana en eventos públicos masivos.
La Gran Parada Militar 2025 no sólo fue una muestra de destreza, unidad y respeto patrio, sino también un termómetro social del momento actual. En cada paso, desde el estrado hasta las tribunas improvisadas, la historia del Perú fue revivida y proyectada hacia nuevos desafíos, con el protagonismo de quienes llevan el uniforme y de una ciudadanía expectante y participativa.




