En una jornada decisiva para la justicia peruana, el Poder Judicial dictó una de las sentencias más severas en materia de corrupción de los últimos años. Jorge Luis Cuba Hidalgo, exviceministro de Comunicaciones, fue condenado a 21 años y 8 meses de prisión tras ser hallado culpable de recibir sobornos de la empresa Odebrecht durante el proceso de licitación del Metro de Lima. Esta resolución marca un hito en la búsqueda de verdad y sanción para quienes utilizaron sus cargos públicos para beneficio propio.
Respuesta firme del Poder Judicial frente al lavado de activos
Desde las primeras horas se percibía el peso del caso: la audiencia estuvo marcada por un inusual despliegue mediático y expectativas crecientes. El tribunal determinó que Cuba Hidalgo participó activamente en una trama delictiva, ejecutando actos de colusión y lavado de activos en perjuicio del Estado peruano. Las investigaciones lograron evidenciar el flujo de dinero ilícito, así como las maniobras para ocultar el origen real de los fondos. Con esta decisión, las autoridades buscan consolidar un mensaje de firmeza ante prácticas corruptas que afectan proyectos de vital importancia pública.
El proceso judicial, iniciado hace más de un lustro, implicó a múltiples actores públicos y privados. El antiguo viceministro, quien ocupó un rol estratégico durante la concesión del primer gran tramo del Metro de Lima, fue señalado como pieza clave en la gestión de sobornos distribuidos por Odebrecht, motivando la imposición de penas ejemplares también a otros exfuncionarios en el caso. La resolución judicial abarca condenas de diferentes magnitudes a otros miembros del entramado, reflejando la dimensión de la red delictiva.
Fuga inesperada y cuestionamientos al control migratorio
Pese a la severidad de la sentencia, la noticia fue empañada por la fuga del principal implicado. Autoridades confirmaron que Jorge Cuba, anticipándose a la lectura de su condena, abandonó el territorio nacional recientemente, desconociéndose con exactitud su ubicación actual. Esta evasión ha levantado renovados cuestionamientos sobre la efectividad del sistema migratorio peruano y los mecanismos de alerta para evitar hechos similares, especialmente en procesos tan resonantes y con seguimiento internacional.
El órgano judicial remarcó que las órdenes de captura, tanto a nivel nacional como internacional, continúan activas y que cualquier intento de evadir la justicia por parte de los sentenciados solo prolonga el proceso penal. En paralelo, la sociedad exige el máximo rigor y cooperación entre autoridades para lograr la detención y posterior reclusión de quienes han defraudado la confianza depositada en el servicio público.
Este episodio, además de ser paradigmático por la magnitud de las penas impuestas, pone sobre la mesa la imperiosa necesidad de fortalecer los sistemas de control y prevención, y de articular una respuesta estatal y social más efectiva frente a la corrupción estructural que socava la institucionalidad. La expectativa ciudadana se mantiene intacta ante un desenlace que no solo involucra sanciones penales, sino también la esperanza de cambios duraderos en las estructuras de transparencia, gestión y control del sector público nacional.




