De la resignación del pueblo a la renovación política

Por: José Medina
¿Cuánto tiempo más tenemos que esperar para ver florecer las esperanzas de un futuro mejor para Huánuco? ¿Hasta qué tiempo debemos sucumbir ante la resignación? ¿O es que ya nos hemos acostumbrado y no merecemos algo mejor?
Sí, lamentablemente nos hemos acostumbrado a la resignación: aquella droga que adormece nuestras mentes y socava nuestra voluntad; aquel espectro invisible que relame nuestros ideales y nos convence que ya todo está perdido, que como pueblo ya no podemos hacer más, que es momento de no levantar la mano y en cambio callar, que sería y será completamente inútil levantar la vista y volver a comenzar.
La resignación, cual susurro complaciente de la noche, dilata nuestros oídos y nos enamora con su única verdad: “Solo ellos pueden ganar”, porque tal o cual candidato roba pero hace obra, porque las fiestas por el aniversario de Huánuco se institucionalizaron en sinónimos de licor y descontrol; porque aquel susurro nos va mintiendo hasta que nuestro ideario lo va convirtiendo en verdad: “solo ellos pueden ganar”.
Y diciendo esto creo que es el momento de despertar, de desterrar aquel sopor que nos ha gobernado durante tanto tiempo, aquel sopor, que cual secta del mal nos va adoctrinando: “pueblo duerme”, “pueblo calla”, “no pienses”, “es hora de votar”; aquel sopor que nos va direccionando como reses hacia el matadero, sin pensar, sin decisión, sin voluntad. ¡Es hora de despertar!
Quiero ver, quiero ser testigo, quiero palpar la intangibilidad de aquello que no hemos logrado como población organizada: votar por un candidato diferente del resto, uno ecuánime y decidido, uno que siembre pensamiento, uno que incite el análisis de la realidad regional y sus posibles soluciones. En otras palabras, quiero votar por un candidato que no regale plata en los pueblos de la sierra, uno que no compre el voto de los más pobres con cajas de licor o con dos kilos de arroz una vez por campaña.
Eso, precisamente… es lo que anhelo como ciudadano huanuqueño; y sé que puede sonar irracional, inconcebible, como un sueño o una utopía, pero es un sueño que tenemos que comenzar a materializar; no porque sea hermoso ver una meta cumplida, sino porque es nuestra responsabilidad social como ciudadanos en ejercicio. Aquel sueño es posible, es tangible y material en la medida que comencemos a reconocer a nuestro enemigo principal: “La resignación”; y una vez bien identificada, combatirla, con todas las fuerzas y con todas las armas… Entonces, solo entonces, podremos vislumbrar una nueva casta política, una nueva generación que renueve a la generación malacostumbrada, la misma que quedará obsoleta ante el cambio cualitativo e imponente de los nuevos cuadros y prospectos de nuestra región renovada.
Quiero expresar pues, como últimas líneas, que la resignación, la dejadez y la indiferencia política, son cánceres que nos orillan a la sumisión y el conformismo, al “roba pero hace obra”, al “es corrupto pero es buena gente”, entre muchas más… Y estas taras son completa y verídicamente superables, no como sueños ilusorios de las masas, sino como verdades colectivas materiales.