Huánuco, Perú. Antes del amanecer, una emprendedora abre su pequeña tienda en las afueras de la ciudad y ordena miel y café local con la ilusión de vender más allá de su pueblo. Pero el camino es difícil: la carretera está deteriorada, el internet falla y el crédito no llega. En el Índice de Competitividad Regional (INCORE) 2025, Huánuco figura en el puesto 21 de 25, con 4,4 puntos sobre 10.
Su experiencia resume una realidad más amplia. Mientras regiones como Moquegua y Lima Metropolitana–Callao alcanzan puntajes cercanos a 7,3, otros territorios como Huánuco, Loreto o Puno se mantienen por debajo de 4,5. De acuerdo con el INCORE 2025 del Instituto Peruano de Economía (IPE), estas diferencias reflejan brechas acumuladas en infraestructura, empleo formal, educación, salud e instituciones.
La escena cotidiana en zonas rurales expone una paradoja persistente: la ubicación y el lugar de nacimiento siguen pesando en el destino económico. En Huánuco, la economía muestra señales de estancamiento y la informalidad laboral alcanza alrededor de tres de cada cuatro trabajadores. Además, una parte significativa de la población percibe ingresos por debajo del salario mínimo y se mantiene una proporción relevante de jóvenes que no estudian ni trabajan, según reportes y estimaciones del INCORE 2025.
Un país, múltiples realidades
Las cifras del INCORE 2025 describen un Perú que avanza a velocidades distintas. Moquegua lidera el ranking con 7,38 puntos, seguida por Lima Metropolitana–Callao con 7,35. Ambas regiones se ubican entre las más altas en los pilares evaluados. Moquegua destaca en Entorno Económico, Salud e Instituciones, mientras Lima lidera en Infraestructura y Educación, según el IPE.
En el otro extremo se encuentran regiones con rezagos estructurales. Loreto figura con 3,4 puntos, Ucayali con 4,0 y Puno con 4,2. Loreto, además, aparece en el último lugar en Salud y Educación en la medición 2025, con una de las brechas educativas más amplias frente a Lima, de acuerdo con el INCORE.
Las desigualdades también se reflejan en infraestructura. Lima registra altos niveles de conectividad digital y cobertura de servicios básicos, mientras que Puno presenta déficits relevantes en saneamiento y acceso a agua segura. En Huánuco, el INCORE 2025 reporta que cerca del 82% de hogares accede a agua por red pública, lo que implica que una parte importante de familias aún depende de fuentes precarias.
En Salud, Huánuco muestra avances en algunos indicadores: reducción de anemia infantil y mejora de cobertura de vacunación completa, lo que le permitió escalar posiciones en ese pilar. Sin embargo, persiste una brecha en disponibilidad de personal médico en el sector público, especialmente en zonas rurales, según el INCORE 2025.
En Educación, Huánuco se ubica alrededor del puesto 20. Aunque una mayoría de adultos logra completar la secundaria, la región se mantiene por debajo del promedio nacional. Esta diferencia se traduce en menor acceso a empleo formal y en una mayor probabilidad de permanecer en ocupaciones de baja calificación, según el enfoque del reporte del IPE.
Competitividad Regional 2025: explorador por pilar
En el siguiente mapa interactivo, cada región del Perú aparece coloreada según su puntaje INCORE 2025 en el pilar seleccionado. Usa el menú desplegable para alternar entre pilares (Economía, Trabajo, Infraestructura, Salud, Educación) y observar cómo se distribuyen las fortalezas y debilidades.
Fuente: INCORE 2025 (Instituto Peruano de Economía).
El patrón costa–sierra–selva aparece de forma consistente: las regiones costeras más urbanizadas tienden a concentrar mejores indicadores, mientras que la sierra rural y la Amazonía exhiben rezagos. En Economía, Moquegua alcanza valores cercanos a 7,8 por su dinamismo productivo, inversión y mayor acceso a servicios financieros, mientras Huancavelica se mantiene entre los puntajes más bajos. Huánuco también figura en el fondo del pilar económico, de acuerdo con el INCORE 2025.
En Trabajo, regiones como Arequipa lideran con mayores tasas de empleo formal y mejores remuneraciones. Huánuco, en contraste, se ubica en los últimos lugares por alta informalidad y menor proporción de trabajadores con educación superior. El resultado es una brecha de productividad que se refleja en ingresos y calidad de vida.
La comparación entre regiones altoandinas también muestra matices. Pasco y Apurímac, por ejemplo, registraron mejoras sostenidas en la última década por cambios en indicadores sociales y dinamismo económico. En sentido contrario, otras regiones han retrocedido en posiciones por deterioro institucional o por caídas en pilares clave, según la serie histórica del INCORE.
Voces de un Perú desigual
Más allá de las cifras, las brechas se entienden mejor escuchando historias concretas. A continuación, tres perfiles que reflejan barreras recurrentes: informalidad, infraestructura deficiente y aislamiento productivo.
El emprendedor atrapado en Huánuco
Un mecánico que busca formalizar su taller se enfrenta a costos, trámites y un entorno donde la mayoría de clientes opera sin comprobantes. La informalidad limita el acceso a crédito, impide crecer y reduce la productividad. A eso se suman problemas logísticos: repuestos que tardan días en llegar y una conectividad vial que eleva costos, según testimonios y el diagnóstico del pilar económico del INCORE.
La productividad regional se mantiene por debajo de polos como Lima o Arequipa, lo que impacta directamente en ingresos. Esto se asocia a tasas de pobreza superiores al promedio nacional, según reportes del INCORE y fuentes estadísticas empleadas por el IPE en su medición.
La maestra rural en Cajamarca y la brecha educativa
En escuelas multigrado, una sola docente atiende a niños de diferentes edades con infraestructura básica insuficiente. Las dificultades se agravan con lluvias, falta de materiales y baja conectividad. Cajamarca se ubica en el tercio inferior del pilar Educación y sus escuelas rurales muestran acceso limitado a internet frente a regiones líderes, según indicadores del INCORE y evaluaciones educativas oficiales usadas como insumos.
La diferencia no es solo infraestructura: también pesa el acceso desigual a acompañamiento pedagógico y capacitación continua, prácticas que algunas regiones han reforzado con programas y asistencia técnica, mientras otras siguen operando con docentes aislados.
El agricultor en la selva: San Martín y el aislamiento
Un productor de cacao y café enfrenta altos costos de transporte por caminos vecinales que se vuelven intransitables en lluvias. Sin cooperativas ni valor agregado, vende a intermediarios con poco margen. San Martín aparece cerca del puesto 19 en el INCORE 2025, afectada por Infraestructura y Entorno Económico, según la medición del IPE.
La falta de conexión eficiente con mercados y la escasez de industria transformadora hacen que gran parte del valor se genere fuera de la región. Esto sostiene una sensación de “desconexión” del crecimiento nacional que se repite en varias zonas amazónicas.
Brechas por pilar: ranking de regiones (2025)
El siguiente gráfico comparativo muestra cómo se ubican las 25 regiones del Perú por cada pilar del INCORE 2025. Las barras representan puntajes de 0 a 10, ordenados de mayor a menor. Huánuco puede resaltarse para observar su desempeño relativo por dimensión.
Fuente: INCORE 2025 (Instituto Peruano de Economía).
En conjunto, Huánuco aparece con debilidades transversales: se mantiene rezagada en Economía, figura al final en Trabajo, presenta limitaciones en Infraestructura, mejora relativamente en Salud y vuelve a quedar atrás en Educación. Este patrón coincide con otras regiones que suelen agruparse en el tercio inferior del ranking general.
Un espejo latinoamericano: Chiapas, Araucanía y Chocó
La desigualdad territorial también se repite en otros países. En México, Chiapas se mantiene como una de las entidades con menores niveles de competitividad, con brechas similares en educación, informalidad e infraestructura. En Chile, territorios históricamente rezagados como La Araucanía (y otros que han alternado el último puesto en índices regionales recientes) evidencian diferencias persistentes frente a la capital. En Colombia, el Chocó es ejemplo de privaciones en servicios básicos y alta vulnerabilidad social.
Los casos comparados sugieren una constante: intervenir de forma focalizada y sostenida importa. Programas de infraestructura, incentivos productivos, mayor autonomía fiscal y mecanismos para atraer inversión privada a zonas vulnerables aparecen como líneas comunes, aunque con resultados desiguales según cada país.
¿Hacia dónde va Huánuco? Tendencias y futuros posibles
La serie histórica del INCORE muestra que Huánuco avanzó en puntaje absoluto desde 2016, aunque sin mejorar su posición relativa de forma sostenida. En 2025 alcanza alrededor de 4,37, su valor más alto en la medición, pero permanece en el quintil inferior del ranking general.
Si la mejora continúa al ritmo observado, Huánuco podría acercarse a 4,8 hacia 2030 en un escenario tendencial. En un escenario optimista, con reformas e inversiones intensivas, podría aproximarse a 5,5. Estas trayectorias no son predicciones: ilustran cómo la velocidad de mejora es la variable decisiva, especialmente frente a regiones líderes que se mantienen cerca de 7 u 8.
Llamado a la acción: cerrar la brecha regional
El Perú no alcanzará un desarrollo plenamente inclusivo mientras una parte importante de su territorio permanezca al margen del progreso. La brecha regional alimenta migración forzada, informalidad y desconfianza en el Estado. Distintos especialistas y el enfoque del INCORE coinciden en que el crecimiento “por goteo” no basta: se requieren políticas diferenciadas por territorio.
¿Qué hacer mañana? Propuestas para equilibrar el tablero
- Conectividad vial y digital: priorizar inversión en carreteras, puentes, electrificación y telecomunicaciones en zonas aisladas; acelerar internet rural con fibra óptica y soluciones satelitales; y usar mecanismos como Obras por Impuestos y APP donde sea viable.
- Educación y talento local: intervención intensiva en regiones rezagadas; incentivos para docentes; mentorías y capacitación continua; infraestructura escolar con servicios básicos; y expansión de educación técnica alineada a vocaciones productivas.
- Salud y calidad de vida: fortalecer presencia de personal médico fuera de Lima con incentivos; equipar hospitales estratégicos; ampliar telemedicina; y atacar anemia, desnutrición y embarazo adolescente con intervenciones integrales.
- Formalización productiva: simplificar trámites para mypes; ventanillas únicas descentralizadas; acompañamiento y microcrédito; asociatividad agrícola; y mejoras de productividad para reducir la informalidad estructural.
- Instituciones y seguridad: capacidades técnicas para ejecutar presupuesto, control anticorrupción, transparencia municipal y justicia más rápida; además de espacios de planificación regional con sociedad civil y sector privado.
Estas medidas requieren recursos, continuidad y coordinación. El costo de no actuar es mantener un país fracturado que desperdicia el potencial de millones de ciudadanos por razones ajenas a su mérito. La competitividad regional, más que un ranking, es un proyecto de cohesión nacional.
Al final del día, las historias de emprendedores, docentes y agricultores se cruzan en una demanda simple: oportunidades. Como han señalado especialistas vinculados al análisis territorial del IPE, sin un plan integral que priorice infraestructura, educación, salud e impulso al empleo formal, cualquier mejora será superficial. La pregunta ya no es si se puede cerrar la brecha, sino cuándo se decide hacerlo.
Resumen Ejecutivo (para portada web y boletines)
Huánuco en la Encrucijada expone las brechas de competitividad regional en el Perú usando datos del INCORE 2025 del Instituto Peruano de Economía (IPE) y microhistorias en Huánuco, Cajamarca y San Martín. Mientras Lima, Arequipa o Moquegua lideran con puntajes cercanos a niveles altos en infraestructura, educación y empleo, regiones como Huánuco, Loreto o Puno se mantienen rezagadas. El reportaje compara el caso peruano con territorios rezagados de la región y plantea una agenda de acción: conectividad vial y digital, educación rural, formalización productiva y fortalecimiento institucional para equilibrar el desarrollo territorial.




