La reciente intervención de Provías Nacional en el tramo Acomayo, de la carretera Huánuco–Tingo María, ha dejado a la población más indignada que satisfecha. Según denunciaron transportistas y vecinos, la flamante capa asfáltica empezó a desmoronarse en menos de 24 horas tras su entrega oficial, convirtiéndose en el símbolo de un trabajo apresurado y carente de supervisión técnica adecuada.
El organismo había anunciado con entusiasmo la colocación de mezcla asfáltica en los kilómetros 31 y 34, asegurando que se “mejoraría la transitabilidad y seguridad”. Sin embargo, la ilusión ciudadana se desplomó tan rápido como el asfalto. Usuarios compartieron imágenes en redes sociales mostrando cómo el material cedía ante una simple lluvia, mientras algunos ironizaban: “Provías debería vender plastilina, no asfalto”. La frase “no duró ni 24 horas” se viralizó como lema de la frustración colectiva.
Colectivos como ETTUR en Ruta y La Voz del Transportista se sumaron a la ola de cuestionamientos, señalando que la obra no solo careció de fiscalización rigurosa, sino que también representa un atentado directo contra los recursos públicos. Para la ciudadanía, esta “reparación exprés” equivale a una burla y un irrespeto hacia Huánuco.
El presidente de la Comisión de Gestión y Fiscalización, Víctor Zevallos Matos, ya había advertido semanas atrás que sin control técnico y una planificación seria, cualquier intervención se convierte en “maquillaje temporal”. La falta de compromiso por parte de las autoridades regionales para supervisar la calidad de los trabajos alimenta la desconfianza y perpetúa un patrón lamentable de promesas incumplidas.
Ante esta situación, voces ciudadanas y diversas instituciones han comenzado a organizar reclamos formales contra Provías y el Gobierno Regional. El llamado es claro: exigir obras duraderas y con estándares de calidad que respondan verdaderamente a las necesidades locales.
El Colegio de Ingenieros, la Cámara de Comercio, asociaciones civiles y la población en general coinciden en que no se puede seguir tolerando intervenciones que apenas resisten una lluvia ligera y que, a la primera prueba, dejan en evidencia un uso deficiente de los recursos públicos. La expectativa es que las autoridades nacionales, incluido el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, asuman con responsabilidad la supervisión y tomen medidas correctivas inmediatas.
Huánuco no merece asfaltos de “plastilina”. La población exige respeto y soluciones reales, no más burlas disfrazadas de progreso. Una carretera debe ser sinónimo de desarrollo y conectividad, no de desilusión y riesgo para los transportistas y productores que dependen de ella a diario.




