La **infancia**, período crucial en el desarrollo humano, se ve cada vez más influenciada por la omnipresencia de las pantallas. Desde televisores hasta teléfonos inteligentes, estos dispositivos se han convertido en una herramienta común en la crianza, generando debates sobre su impacto en el cerebro en formación de los niños. La preocupación radica en cómo el uso temprano y excesivo de pantallas puede afectar el desarrollo de habilidades esenciales como el lenguaje, la empatía, la autorregulación emocional y la capacidad de socialización.
Según la investigación publicada por El Comercio, la exposición temprana a pantallas puede interferir con el desarrollo cerebral infantil, afectando el lenguaje, la empatía y la autorregulación emocional. El artículo explora si es mejor evitar las pantallas por completo o permitir su uso supervisado.
El estudio destaca que, durante los primeros años, el cerebro infantil se moldea a través de experiencias directas y multisensoriales, como el juego libre, el contacto físico, la exploración del entorno y la construcción de vínculos afectivos sólidos. Estas interacciones estimulan la creación de conexiones neuronales fundamentales para el aprendizaje, el comportamiento y la gestión de las emociones. Sin embargo, la exposición temprana y prolongada a pantallas puede limitar estas experiencias vitales, privando a los niños de la oportunidad de desarrollar plenamente su potencial cognitivo y emocional. De hecho, la Academia Americana de Pediatría recomienda limitar o evitar por completo el uso de pantallas en menores de 2 años.
La investigación revela que el uso temprano de pantallas, especialmente antes de los dos años, se asocia con retrasos en el desarrollo del lenguaje y dificultades en la resolución de problemas a largo plazo. Además, el tiempo que los niños pasan frente a una pantalla disminuye las oportunidades de interacción cara a cara, lo que perjudica el desarrollo de habilidades sociales y emocionales cruciales, como la empatía y la capacidad de leer las expresiones faciales y las señales no verbales de los demás.
No obstante, los expertos reconocen que las pantallas pueden ofrecer ciertos beneficios si se utilizan de manera consciente y con supervisión adecuada. Contenidos educativos diseñados específicamente para niños pequeños, como cuentos interactivos, canciones infantiles o juegos que enseñan rutinas, pueden complementar el aprendizaje y estimular el lenguaje. Sin embargo, es fundamental que el niño no esté solo frente a la pantalla, sino que el adulto participe activamente, conversando sobre lo que se ve, relacionándolo con la vida real y guiando la experiencia para que no sea pasiva ni superficial.
El reportaje enfatiza la importancia de una supervisión efectiva, que va más allá de simplemente estar presente mientras el niño usa una pantalla. Implica un acompañamiento activo y emocional, donde el adulto elige contenidos apropiados para la edad del niño, mira junto a él, habla sobre lo que se ve, hace preguntas y conecta lo digital con la vida cotidiana. Este tipo de involucramiento transforma el uso de pantallas en una experiencia enriquecedora que fortalece el vínculo afectivo y estimula el pensamiento crítico.




