Educar Para Proteger La Vida
Educar Para Proteger La Vida

Educar para proteger la vida

La defensa del medio ambiente no puede seguir siendo un discurso aislado ni una promesa circunstancial de las autoridades. Que hoy el Ministerio de Agricultura, el Gobierno Regional de Huánuco y algunas municipalidades estén empezando a incorporar políticas concretas para evitar la tala indiscriminada de bosques y la quema de áreas verdes, es una señal alentadora de cambio.


Durante décadas, la destrucción progresiva de nuestros ecosistemas ha sido parte de una práctica casi naturalizada: se talan árboles, se queman campos, se aplican pesticidas sin control y se eliminan especies frutales sin medir consecuencias. Todo ello no solo atenta contra la biodiversidad, sino que debilita las bases mismas de la vida rural y campesina. El caso de la granadilla, hoy afectada por el uso excesivo de agroquímicos, es solo un ejemplo del impacto que estas malas prácticas tienen sobre la producción y la seguridad alimentaria.


Frente a ello, es clave destacar la inclusión del enfoque ambiental en el currículo educativo regional, gracias al trabajo conjunto de la Dirección Regional de Educación, el Gobierno Regional y el municipio de Huánuco. Iniciativas como las que se impulsan en la municipalidad de Umari —donde los propios pobladores protegen una zona especial de flora y fauna con apoyo del gobierno local— muestran que sí es posible fomentar una cultura de respeto y conservación desde lo comunitario.


Pero esta transformación solo será sostenible si se educa desde las aulas y desde los hogares. Los docentes tienen en sus manos una herramienta poderosa: formar generaciones que valoren la vida natural y que comprendan que el bosque no es un obstáculo, sino una fuente de vida. Y del mismo modo, madres, padres y campesinos deben transmitir a sus hijos una nueva forma de relacionarse con la tierra.


El cuidado del medio ambiente no puede depender únicamente de campañas esporádicas. Se necesita un compromiso permanente, articulado y activo. Serenazgo, fiscalía, municipios, comunidades educativas y ciudadanos: todos tienen una función concreta en esta tarea. Proteger nuestros bosques, aves, flores y frutales no es solo un deber ecológico. Es una apuesta por la vida misma.