Por: Israel Tolentino
Pregunta la hija a su papá, ¿qué son armas nucleares? El papá, piensa rápidamente en su paso por la escuela y el colegio y con esa misma rapidez, se da cuenta que no recuerda asomos de respuesta concerniente a la pregunta de su pequeña hija. Tal vez puede decirle ¿que son armas? y, que jugar con ellas no es lo mejor que a un ser humano se pueda enseñar, finalmente, las armas no sirven para nada; pero esa rápida salida siente que no disipa la duda de la pequeña hija; entonces intenta otra contesta, que sea constructiva, una estrategia que deje una marca positiva en su pequeña, así las noticias, en su grito subliminal digan: todo se está yendo al cuerno, ella, su pequeña, conciba que hay una luz llamada esperanza al final del túnel.
Hijita preciosa le dice el papá, en las noches se ven muchas lucecitas que llamamos estrellas, muchas, muchísimas; de todas ellas nos llega su luz, sin importar si se encuentran en el lugar más apartado del tenebroso universo.

En todo ese cielo inmenso, parecido a una enorme esfera, hay muchas bolitas que están viajando como burbujas de jabón, dejándose llevar por una fuerza parecida a tener un motor que mueve un barco en el mar; hijita linda -repite el papá- entre esas bolitas de jabón, hay una bolita especial: es nuestro planeta y le llamamos tierra. Sin ser un avión, sin tener alas ni un piloto, va rodando por el universo. El nuestro es un planeta que desde lejos se ve azul brillante, como las pompas de jabón que te gustan hacer y dentro de ese globito resplandeciente, están ubicados el mar, los continentes, los glaciares, las selvas, los desiertos, las plantas y los animales y todo cuanto desconocemos, en esa bolita como una canica de vidrio, vivimos nosotros hijita hermosa.
En ese planeta viajamos tú, yo, las personas que conocemos y, otros millones de personas que no nos conocen; todos estamos repartidos en casas, ciudades, países, continentes; separados y unidos por esas montañas, selvas, desiertos, ríos y mares que vemos en libros, en los documentales.

Hijita, pero como en tus cuentos, “había una vez…” En alguna de esas ciudades, personas aburridas de la tranquilidad con que se realiza el viaje a través del universo, en la nave llamada tierra, donde el aire es el combustible gratuito y antes que naciéramos, muchas cosas se conseguían con el sudor de las frentes; esas personas aburridas, resultaron ser pocas y con mucha influencia, en vez de leer “Las mil y una noches” o “Cuentos jasídicos” o “El quijote” y caminar por Isfahán o Jerusalén, Osaka, San Urús-Martán o Izium, se fueron alejando de las personas, de tener amigos, enamoradas, gusto por los helados con sabores a frutas extrañas, tomar agua mineral o un té o compartir una sandia o un jugo de naranja…
En un determinado momento, estas personas aburridas, empezaron a ver a los demás como extraños, anónimos que les daban miedo, que no les dejaban dormir; sus canciones les parecían ruido, todo lo que une a las personas no era de su agrado; sus plegarias y su hambre no era de ellos, sus ropas y sus modales les causaban aversión, entonces de entre todas esas personas aburridas, como dicen en los cuentos “llegó un día…” donde la persona más aburrida, que había olvidado a los demás, inventó una forma de hacer un gran fuego, un fuego que en vez de abrigar, quemaba, calcinaba.

Ves, hay luces pequeñas y grandes, unas blancas, otras rosadas, anaranjadas y amarillas, como el color que te gusta, sin embargo, todo ese resplandor de colores es producido como en una hoguera que arde por la leña que pones y los carbones que se chocan entre ellos, revientan y suenan.
Hijita, esas luces tardan muchos años en llegar hasta nuestros ojos, seguramente, alguna vez, la tierra donde vivimos hoy, será una luz para otros ojos distantes. Mientras esto suceda, no te preocupes de las armas nucleares, si, debes saber que mamita y yo te amamos mucho y cada día nuestras vidas están dedicadas a contagiarnos de tu sonrisa y compartir las nuestras con las personas que viven distantes; desde esta tarde te prometo comer más helados los fines de semana, caminar tomados de la mano, manejar bicicleta y que ojalá, que esas luces intensas que vemos en el cielo oscuro no sean de planetas azules como el nuestro (Pozuzo, junio 2025).




