Eliseo Talancha
Un reciente libro que acabamos de tener en nuestras manos es En los Andes Orientales(1) del escritor y periodista Hugo Guillermo Cárdenas Mandujano, publicado en la ciudad de Lima en 1965. Se trata de una obra literaria poco conocida en la bibliografía de Huánuco que, como reza su subtítulo, se propone mostrar las facetas y expresión de un pueblo del Perú, esto es, el rostro andino y amazónico de la histórica provincia de Pachitea, cuando por entonces estaba conformada por los distritos de Chaglla, Molino, Panao, Umari, Pozuzo y Puerto Inca.
Dedicado al presidente Fernando Belaúnde Terry, por su calidad cívica y de gobernante, el libro contiene diez textos, entre crónicas, relatos y cuentos que, en lenguaje local, retratan los usos, costumbres, personajes y paisajes de las zonas andinas y orientales de la provincia de Pachitea, de cara a la Amazonía peruana. La obra de Cárdenas Mandujano se ubica en lo que podemos llamar la literatura social, en la que, con gran realismo, muestra la vida social, cultural y geográfica de los hombres y pueblos de Pachitea.
Dueño de una prosa sencilla y sin mayores pretensiones académicas, el autor, adelantándose a la crítica, escribe: “Quiere, así, este libro expresar en la apretada medida de sus posibilidades cuánta tierra, hombre, complejo humano y social, la patria es primero y sobre todo eso. Vano será, por ello, buscar en sus páginas, en su fondo o en su forma, dejos exóticos, modos ajenos, manifestaciones peculiares de ‘corrientes’ literarias en boga o no, tan caro todo esto a nuestra crítica local”.
Y ciertamente, a lo largo de sus 125 páginas, Hugo Cárdenas nos muestra la realidad y vida cotidiana de los pueblos andinos de la provincia de Pachitea, en una imagen construida entre la realidad y la literatura social, mostrando a los panatahuas como los primeros colonizadores de la selva huanuqueña. Puedo asegurar que, en los anales de la historia cultural de Huánuco, el libro de Cárdenas Mandujano representa una primera muestra de la literatura pachiteana que, precursoramente, nos conecta con las interioridades de la otrora gran nación de los Panatahuas.
Si hay algo de valor en esta obra literaria es que nos sumerge y refleja el alma, la voz, la cosmovisión, los rituales y las formas de vida del poblador pachiteano. Si desde la antropología Emilio Mendizábal Losack nos muestra la tecnología y saberes ancestrales de la actividad textil de los hombres y mujeres de Pachitea, mucho antes Hugo Guillermo Cárdenas Mandujano, desde la literatura, en Los Andes Orientales, describe, particularmente en su texto “La Provincia”, la sierra pachiteana, la psicología del hombre de la ciudad y del campo de Panao, los usos y costumbres, las fiestas tradicionales pero, sobre todo, la variada geografía de sus pueblos.
En Don Cosme, el autor presenta el mal destino de Cosme Rodríguez García, que en su mocedad decide abandonar Panao para conocer la Lima de 1915, gobernada por Augusto B. Leguía. Pero tres décadas más tarde decide retornar al lar nativo para transitar por sus calles torcidas, oblicuas y estrechas, distraído con su gallo “el pinto”, que en medio de un charquito de sangre cayó junto a su oponente “el panca”, acabándose también la vida de su dueño con un tiro de revólver.
En el relato La mama Dominga, dedicado al filósofo y periodista Francisco Miró Quesada Cantuarias, se narra la atribulada historia de una mujer que vive en el cauce de un riachuelo, casi oculta por los alisos, sauces y granadilleros. Golpeada por las tragedias que fueron reduciendo a su familia, la coca de “Mama Domicha” y los presagios de su perro “Moscho” le avisan la muerte de su hijo Manuel, a manos de quienes se creen dueños de las tierras, de las aguas y de las vidas. Al recibir el cadáver de su “Maño”, el corazón de la anciana no resiste y también cae fulminada por la voracidad del latifundista.
En sus amenas crónicas, Cárdenas Mandujano exhibe también las correrías de los habitantes entre la zona andina y los linderos de la selva. En Tambo recrea las conversaciones de viajeros, arrieros, negociantes y otros caminantes que, entre la fatiga del viaje y los rigores del clima, buscan una necesaria y acogedora posada. En El fin del puma muestra la tragedia que muchas veces ha rondado la práctica de la leva para el servicio militar a cargo de los gendarmes. En El Giro se muestran las andanadas de Diego Miraval, el popular “Ishico”, entre la sierra pañaca y las montañas orientales, bajo los acordes de una cachua llena de tristezas de amor: “Me dicen que ya te olvidaste / de nuestro cariño puro. / ¿Cómo puedes olvidarte / de este amante que fue tuyo?”.
Ambientada entre la música de violines y arpa, en medio de copas de aguardiente y vasos de chicha, la pluma de Cárdenas Mandujano trae al recuerdo El Huayco, que a su paso siembra angustia, desolación y muerte en las casas de Braulio y Anselmo. En El amigo se cuenta la enternecedora historia del poblador Miguel Fernández Arnedo con su perro fiel, que es testigo de sus amoríos con Mercedes, en disputas con Javier Soria, que retornaba a Panao convertido en médico. Pero en ese viaje a Huánuco, a lomo de bestia, también se cuenta la lucha de una pareja por una manta, teniendo como escenario la verde sabana de un maizal.
En su relato La Montaña, el autor recrea las conversaciones internas y los recuerdos de don Santiago Mendizábal sobre la muerte de su padre, mientras va transitando por la ceja de selva, a lomo de mulo que, a latigazos, apura el paso por un sendero angosto y empinado. Y en su último relato, a diferencia de todos los que han estado signados por la muerte trágica, en El Charamayo se celebra el nacimiento de un río misterioso que recibió a cuatro guerreros que dieron origen a los indios panatahuas. El embrujo del Charamayo es tal que, en los labios del pueblo, resuenan estos versos: “Y cuando llegues a Panao / ten cuidado forastero / porque el río Charamayo / es un río querendero”.
Lo que sabemos sobre Hugo Guillermo Cárdenas Mandujano y su relación con Panao es casi nada. Nació el 6 de junio de 1929. Incursionó en el mundo de las letras con el relato Sultán, cuento de paisajes y costumbres del valle del Mantaro, publicado en 1963. Su libro En los Andes Orientales, al parecer, fue premio Semana Universitaria de la Pontificia Universidad Católica. Es autor del opúsculo El Caballero de los Mares. Grau, cuentos cortos como La Bella Durmiente y El upa y crónicas como Huánuco, visión nocturna de la ciudad, El mar primer escenario de la contienda y La defensa de Lima, que han sido publicados en diarios de Lima. También es prologuista del libro Bruno Terreros Baldeón, fraile y coronel en la emancipación peruana: vida y obras, de la maestra Hilva Terreros Hinostroza.
La provincia de Pachitea tiene una extraordinaria riqueza natural y cultural, pero lamentablemente hasta ahora es poco lo que se ha escrito. Por eso, entre mis hallazgos, es reconfortante encontrarme con esta obra pionera de Cárdenas Mandujano que no solamente tiene un valor literario, sino que es fuente para las ciencias sociales. No estaría mal que se vuelva a reeditar esta obra para reflejarnos la vida pluricultural de una provincia tan rica y tan histórica como Pachitea.
(1) En los Andes Orientales: facetas y expresión de un pueblo del Perú, de Hugo G. Cárdenas Mandujano. Premio Semana Universitaria de la Pontificia Universidad Católica. Editorial Pacific Press, Lima, 1965. 125 p.




