Sacar Los Pies Del Plato Tiene Un Costo
Sacar Los Pies Del Plato Tiene Un Costo

SACAR LOS PIES DEL PLATO TIENE UN COSTO

Jacobo Ramírez Mays

La infidelidad es un acto de desamor. Representa la más evidente muestra de “anomia sentimental”. Es pasarse la luz roja del semáforo. Quien incurre en infidelidad no quiere ni ama a la pareja. Causa dolor, decepción, depresión, unaconmoción emocional, pero con el tiempo la “herida cicatriza” y la “vida continúa”. El caso de Dilbert Aguilar, el cantante de cumbia, es un ejemplo público. La película Infidelidad relata la historia de un fugaz romance entre una abnegada esposa y un joven vendedor de libros usados. Es una especie de ajuste de cuentas amoroso. Las frases “corazón que no ve, corazón que no siente” o “si lo vas a hacer, hazlo bien; que yo no me entere; si me entero ya sabes lo que te espera” son permisibles en una sociedad machista. La infidelidad no distingue sexo, género ni condición social. Si tienes un plato exquisito en tu casa para qué buscar otro potaje. La infidelidad, tarde o temprano, se descubre. Un anciano murió a los 92 años. Su hijo, hoy sexagenario, recuerda que nunca vio a su padre con otra mujer que no fuera su madre. En el momento del reparto de bienes inmuebles, aparecieron dos varones y una mujer con el mismo apellido paterno y distintos maternos. La infidelidad no necesariamente es hereditaria. En la televisión farandulera, la infidelidad es la “carnecita” para el morbo, el chisme y el deleite banal.


¿Por qué ocurre la infidelidad? Un amigo mío, experto en lides de aposento y camuflaje en escondites subterráneos, me responde: “Porque soy varón, macho alfa con pelo en pecho. Lo que tenga olor a mujer me atrae”. Otra razón podría ser que existe una insatisfacción sexual persistente. Otro me dice: “El infiel no cambia, solo descansa y arremete con todo luego”. En el Antiguo Testamento, Sara, mujer estéril, induce a su esposo Abraham a la infidelidad. Abraham se unió a Agar, esclava egipcia, y esta quedó embarazada. Al saber que estaba en gravidez, empezó a despreciar a Sara. Le dice: “Yo te entregué a mi esclava por mujer, y cuando se ve embarazada, me pierde el respeto”. Así nació Ismael, el primer hijo de Abraham. Schahriar y Schahzaman son hermanos y reyes. El primero es el receptor de mil historias que cuenta la hábil, inagotable y elocuente Schehrazadade Las mil y una noches. Shahriar decide visitar a Schahzaman. A medio camino regresa y encuentra a su esposa tendida en el lecho abrazada con un negro, esclavo entre los esclavos. Al ver tal cosa, el mundo se oscureció ante sus ojos. “Desenvainó inmediatamente su alfanje y acometió a ambos, los dejó muertos sobre los tapices del lecho. Volvió a salir sin perder una hora ni un instante y ordenó la marcha de la comitiva”.


La literatura está repleta de infidelidades. Emma Bovary es el símbolo perfecto. El marido, un médico rutinario y insípido de carácter y emoción, no satisface las expectativas sociales ni triviales de Emma, quien toma la decisión, por deudas y lecturas de revistas alienantes, de ser infiel a Charles. Tiene tres amantes: el terrateniente y disoluto Rodolphe Boulanger, el astuto prestamista Lheureux y el burócrata León Dupuis. Hastiada de desilusiones y remordimientos se suicida. La novela Ana Karenina de León Tolstoi es otro referente. Ana y el oficial Aleksei Vronsky tienen una relación extramatrimonial de escándalo mayúsculo en la sociedad rusa del siglo XIX. Mientras Penélope defendía a capa y espada, con tretas y engaños, su fidelidad a Odiseo, este llega a la isla Ogigia y queda prendado, durante siete años, de la ninfa Calipso, con quien entabla un romance. Le había prometido, para quedarse con ella, ser inmortal y libre de vejez. Odiseo cedió a la infidelidad, pero no a quedarse. Dice Odiseo: “Desde allí me dejé llevar durante nueve días, y en la décima noche los dioses me impulsaron hasta la isla de Ogigia, donde habitaba Calipso de lindas trenzas, la terrible diosa dotada de voz que me entregó su amor y sus cuidados”. En Cien años de soledad es notable el triángulo sentimental entre Petra Cotes, Aureliano Segundo y Fernanda del Carpio. Estos dos últimos tienen tres hijos: José Arcadio, Meme y Amaranta Úrsula. La historia se encuentra en el capítulo 11 de la novela de Gabo. “Una noche, poco antes que naciera el primer hijo, Fernanda se dio cuenta de que su marido había vuelto en secreto al lecho de Petra Cotes. (…) -Así es -admitió él. Y explicó en un tono de postrada resignación -: Tuve que hacerlo para que siguieran pariendo los animales. (…) Así continuaron viviendo los tres, sin estorbarse, Aureliano Segundo puntual y cariñoso con ambas, Petra pavoneándose de la reconciliación, y Fernanda fingiendo que ignoraba la verdad”. La más célebre infidelidad de la Grecia Antigua está en la Ilíada de Homero. Paris, hijo de Príamo, rey de Troya, atraído irresistiblemente por la belleza y la sensualidad femenina, rapta a Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, hermano de Agamenón. Este hecho, desde la leyenda popular, desencadenó la guerra de Troya, que duró diez años. Troya fue asediada, ingresaron guerreros griegos, a través del caballo de madera, a la ciudad, la tomaron, incendiaron y redujeron a cenizas. Simón Bolívar, según se cuenta en el General en su laberinto de García Márquez, fue un empedernido mujeriego, nunca le fue fiel a Manuela Sáenz, su compañera de alcoba y jornadas militares. En Huánuco, Raúl Vergara Rubín escribió un poderoso, intenso y sutil cuento titulado “La soledad de Katherine”, incluido en el libro No solo en tiempos de amor y trigales, y de menoscabo letal y paulatino de la protagonista. Una cadeneta de oro del amante, encontrada casualmente sobre la cama matrimonial por el marido, es la evidencia no declarada de infidelidad que el esposo utiliza para vengarse.


En una sociedad que desprecia lo correcto, la ética y la actuación dentro de las convicciones y la norma, la infidelidad es tan normal como respirar. Que lance la primera piedra quien no haya sido infiel de pensamiento, palabra o acción. El caso de Dilbert Aguilar es solo la punta del iceberg. Es más tolerable la infidelidad masculina que la femenina. En política, la deslealtad con los ideales del partido es el transfuguismo, vender la conciencia por prebendas o más poder. La infidelidad es “aceptable” en una comunidad de varones falocráticos que creen que eyacular es más importante que amar. La infidelidad es la transgresión a un pacto de recíproco respeto, sin toxicidad ni deterioro de la salud mental. La infidelidad o adulterio que se perdona termina en divorcio, distanciamiento total o en infierno. ¿Se puede sobrevivir emocionalmente a la infidelidad? Claro que sí: tiempo, resiliencia y lección aprendida; cuesta, pero se puede. Dilbert Aguilar dice: “Me duele mucho”. El episodio amargo en la vida del cantante es entendible. ¿A quién le agradaría ser víctima de una infidelidad? Mientras haya lujuria, el ojo por ojo, la insatisfacción, la inmadurez emocional y el deseo de aventura, la infidelidad ingresará por la ventana. Dice Lucho Barrios: “El engaño fue la causa de mi desgracia / pero te quiero todavía a ti mujer. / Me engañas mujer / con el mejor de mis amigos que fue / como un hermano / y con él te encontré / y a los dos perdoné”. Mujer y varón son vulnerables a la infidelidad, excepto aquellos cuyas convicciones y moral son sólidas como la roca de la montaña.