Las calles de Estados Unidos fueron escenario de una ola de manifestaciones este sábado, donde miles de personas expresaron su rechazo al expresidente Donald Trump bajo el lema “No Kings”. Estas protestas, que se extendieron desde grandes metrópolis hasta pequeñas localidades, reflejan una profunda preocupación por el futuro de la democracia y la deriva autoritaria que, según los manifestantes, caracterizó su mandato. El movimiento se produce en un contexto de creciente polarización política en el país, intensificada por las recientes elecciones y el debate sobre la legitimidad del proceso electoral.
Según la investigación publicada por Gestión.pe, las manifestaciones buscaban denunciar lo que consideran acciones autoritarias durante la administración Trump y defender los valores democráticos.
Las concentraciones, organizadas por el Movimiento 50501, que hace alusión a la participación de los 50 estados del país, buscaron hacer sentir su voz en unos 2,000 puntos diferentes a lo largo y ancho del territorio estadounidense. Desde la costa este hasta la costa oeste, pasando por el corazón del país, las protestas congregaron a personas de diferentes orígenes y convicciones, unidas por un sentimiento común de inquietud ante el rumbo político del país.
En Filadelfia, una multitudinaria manifestación partió de Love Park y recorrió el Ben Franklin Parkway hasta llegar a las escalinatas del Museo de Arte, donde el congresista demócrata Jamie Raskin encendió los ánimos con un discurso en defensa de la libertad de expresión. La respuesta de la multitud fue unánime: “¡Son nuestras calles!”, coreaban, reafirmando su derecho a manifestarse y expresar su desacuerdo con las políticas del gobierno.
Mientras tanto, en Washington D.C., Donald Trump asistía a un desfile militar conmemorativo del 250 aniversario del Ejército, coincidiendo con la celebración de su cumpleaños. Los manifestantes en la capital no dejaron pasar la oportunidad para expresar su descontento, portando una enorme pancarta con el mensaje claro y contundente: “Trump debe irse ahora”. Este gesto contrastaba fuertemente con la pompa y el boato del evento oficial, evidenciando la profunda división que existe en la sociedad estadounidense.
En Carolina del Norte, la ciudad de Charlotte fue testigo de una marcha en la que los asistentes coreaban consignas como “No tenemos reyes” y “Donald Trump tiene que irse”. En Los Ángeles, las protestas adoptaron un tono más festivo y reivindicativo, con danzas indígenas, carteles en contra de las políticas migratorias y una piñata de Trump ataviada con una corona y un sombrero mexicano, simbolizando el rechazo a su figura y sus políticas.
No obstante, la jornada no transcurrió sin incidentes. En Minnesota, las movilizaciones fueron suspendidas tras ataques armados contra dos legisladores demócratas y sus parejas, lo que generó un clima de tensión y preocupación. En otros estados, como Atlanta y el sur de Florida, las autoridades desplegaron tropas de la Guardia Nacional y llamaron a la calma, logrando evitar incidentes mayores hasta el mediodía. La situación refleja la fragilidad del clima político y la polarización que vive el país, donde las diferencias ideológicas a menudo se traducen en actos de violencia e intimidación. Las protestas se producen en un momento en que la confianza en las instituciones democráticas está en declive, según múltiples encuestas.
Los manifestantes, ondeando banderas estadounidenses, algunas de ellas al revés como símbolo de aflicción, y portando carteles con frases como “Deporten a los mini-Mussolinis” o “La disidencia es patriótica”, expresaron su preocupación por las políticas migratorias, la militarización de las ciudades y la erosión de las instituciones democráticas. La incertidumbre sobre el futuro del país y el temor a un retroceso en los derechos civiles y las libertades individuales son los principales motores de estas protestas.
“Si no lo detenemos ahora, no hará más que empeorar”, advirtió Jocelyn Abarca, una joven estudiante en Charlotte, resumiendo el sentimiento generalizado de los manifestantes. Bajo la lluvia intermitente o el calor veraniego, miles de voces se unieron en un mismo grito: sin reyes, sin coronas y sin Trump, en defensa de una democracia que consideran amenazada.




