Papiros Y Pedernal
Papiros Y Pedernal

PAPIROS Y PEDERNAL

Por: Israel Tolentino

“Nacerá del polvo el latido de mi otra mitad” un poema del libro Pedernal dedicado a Francisco “Paco” Vílchez. Veo uno de los dibujos que se exponen en la sala Espacio A en Santiago de Chile, y pienso en el cancervero, en Hércules, en el degollador, en Brueghel el viejo, en Durero, Leonardo y Dalí, entonces uno se dice: este es un surrealista, giras un poco por la sala y nuevamente vuelves al dibujo y sabes que ha salido de los dedos de Paco Vílchez, el artista que camina y conversa por ahí con Mario Toral, con María, con Marcela Krause. Dibujos que se integran con curiosidad admirable a cualquiera de esos nombres mencionados y sobrepasan el tiempo y los estilos. Se vuelve al título de la exposición y pareciera que una respuesta a tantas preguntas se esclarece: “Papiros y pedernal”, este material antiguo, un soporte que conecta, no sé si con las manos de los dioses, pero si con su cosmogonía, con sus designios.

Flyer de la exposición

La obra dibujística de Vílchez parece construida desde todo tiempo, para todo tiempo, viene la pregunta ¿cómo una obra cobra validez en todos los tiempos?

Una posible respuesta: el alma de Paco Vílchez no es solamente de esta época, parece la impronta genética de lo que en antiguo se denominó chamán, tal vez, como en la teoría evolucionista, en algún momento fue planta, animal, un degollador, un cancerbero, un ser alado con garras surcando los aires rasgando la tierra, espina, roca, arena o “pedernal”. Sus creaturas tienen escamas, piel, plumas, son el mar, la tierra, el aire y el fuego.

Marcela Krause Porter, artista visual junto con María Ostolaza, escritora y poeta.

Paco es el personaje extraño llegado de Chavín o de Chao, no es exactamente el chamán, es el instrumento del que se valían para dar a conocer a sus feligreses los mensajes extraterrestres; en esa vida, Paco, dominaba los cinceles y rasgaba los disparates del sacerdote aderezadas de wachuma, chamico, ayahuasca y arcaicos mejunjes sobre la piedra. Paco Vílchez, era entonces el mediador, el hombre que, con sus sentidos alertas captaba el mensaje de su chamán de turno. Artista antiguo que con solo ver los gestos sabía lo que debía plasmar en la piedra, en el soporte. En esas existencias de antiguo, cuando el chamán te tocaba te hacía parte del viaje interminable, parte de cada pedido cósmico, eras pasado a la prolongación de su alma, a la arquitectura de sus ensoñaciones desquiciadas del gran sacerdote. Paco es entonces, la mano de los chamanes de todos esos tiempos, el que llevaba a su mano cincel, lápiz, muro, madera o metal.

Cierto día o noche, posiblemente en el siglo XX, el ilustrador de los desquicios chamánicos se emancipó, dejó ser el ilustrador entre el maestro alucinado y los mensajes celestiales. Papiros y pedernal son vestigios, productos, evidencias del hacedor, del ser liberado de las visiones ajenas de arcano y ahora fabulador de sus propias historias, un personaje misterioso, nadie sabe de su estado de poseso, si es el mar con sus sonidos constante de los Pantanos de Villa o playas de Puerto Rico o los residuos de los brebajes compartidos por el chamán chavino o caldeo. Milenios de herencia con ensoñaciones de mono y hombre en ese cerebro pretérito.

Paco Vílchez y el maestro Mario Toral.

Francisco Vílchez dibujaba desde niño, como por intuición, mejor dicho, por desbordante talento, su paso por la escuela de Bellas Artes y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUC) sublimaron, clamaron, encausaron, le devolvieron el camino que en su alma se pronosticaba desde siempre .

Dibujo sobre papel de Francisco “Paco” Vílchez.    

Escribe, Marcela Krause para esta individual en Chile: “En el corazón de la materia, donde el alma se entrelaza con la memoria ancestral, surge “Papiros y Pedernal”, la más reciente exposición del artista peruano Vílchez, radicado en Puerto Rico. Esta muestra no es solo una colección de obras, sino una travesía íntima hacia lo más hondo del ser humano, una exploración de aquello que nos constituye y nos trasciende”. Y, María Ostolaza suma: “apenas saben mis dedos que existo / podrían hacer tantas cosas, y permanecen prisioneros de la piedra”. Papiro y pedernal, dedicado a María, la compañera de Paco Vílchez, esa alma antigua que conoce bien a los seres que salen a poblar la creación cuando el sol se ahoga por oriente (Pozuzo, junio 2025).