El periodismo regional despide con profunda tristeza a Esteban Soriano, colega, amigo y referente ineludible en la historia de la prensa huanuqueña. La noticia de su fallecimiento ha calado hondo en el corazón de quienes compartimos con él micrófonos, redacciones y largas jornadas de cobertura. Hoy, el silencio que deja su ausencia solo es comparable al eco de su voz que durante décadas informó con firmeza y convicción.
Esteban fue más que un periodista. Fue un aliado constante del Diario Ahora, una voz clara en las emisoras locales y un testigo implacable de la realidad de nuestra región. Con su estilo sincero, su pluma afilada y su palabra directa, dejó huella en cada medio donde trabajó. Siempre al lado de la noticia, siempre comprometido con la verdad, Esteban forjó una trayectoria que se convirtió en ejemplo para generaciones de comunicadores.
Su muerte nos embarga de dolor, pero también nos deja una herencia de dignidad profesional y amor por la labor periodística. Esteban no se apartó jamás del ejercicio del oficio: escribió, habló, denunció, acompañó y formó parte activa del día a día informativo de Huánuco. Desde las notas comunitarias hasta las grandes coberturas políticas, su voz fue sinónimo de seriedad, de criterio y de compromiso con la ciudadanía.
Legado imborrable en la prensa regional
Los que tuvimos el privilegio de trabajar a su lado, lo recordamos con afecto y admiración. Esteban Soriano fue uno de los pioneros del periodismo huanuqueño. A su modo, construyó escuela y dejó enseñanzas. Supo poner al periodismo al servicio de la gente, no del poder. Y eso, en tiempos de confusión y oportunismo, lo distingue aún más.
Su partida deja un vacío difícil de llenar, pero también una responsabilidad: la de continuar informando con valentía, como él lo hizo. Su memoria nos impulsa a seguir escribiendo, hablando, preguntando y haciendo del periodismo una herramienta para construir ciudadanía.
Desde esta redacción, elevamos una plegaria por su eterno descanso. Que Dios lo acoja en su gloria y le conceda la paz que su vida de entrega merece. Hasta siempre, querido Esteban. Nos tomaste la delantera. Algún día, volveremos a encontrarnos —quién sabe si en otro plano— para seguir haciendo lo que tanto amabas: periodismo.




