La reciente tregua comercial entre Estados Unidos y China representa un intento de estabilizar una relación económica marcada por la tensión y las represalias arancelarias. Este acuerdo, aún sujeto a la aprobación final de los presidentes Trump y Xi, busca revertir algunas de las medidas punitivas que ambas naciones se han impuesto mutuamente en los últimos meses, impactando el flujo de materias primas esenciales y la movilidad de estudiantes.
Según la investigación publicada por The New York Times, el acuerdo se produjo tras intensas negociaciones en Londres y pretende restaurar los términos de una tregua comercial alcanzada en mayo, tras semanas de escalada de tensiones. Es importante recordar que las tensiones comerciales se intensificaron tras los aranceles del “Día de la Liberación” impuestos por Trump en abril, a lo que China respondió de inmediato con aranceles recíprocos.
El núcleo del acuerdo implica que China flexibilizará las restricciones a los envíos de minerales de tierras raras y magnetos, elementos de gran valor para los fabricantes estadounidenses. A cambio, Estados Unidos revertirá las limitaciones impuestas a las exportaciones de productos y tecnología estadounidenses, incluyendo etano, partes de aviones y las restricciones propuestas a las visas de estudiantes chinos. Estas medidas habían sido diseñadas para ejercer presión sobre el gigante asiático, pero la imposición de aranceles comenzó a empujar a las empresas dependientes del comercio en ambos países a la quiebra, y amenazó con vaciar los estantes de las tiendas estadounidenses a finales de este año.
A pesar de este avance, los aranceles existentes entre ambos países se mantendrán sin cambios. Trump señaló que los aranceles estadounidenses sobre China alcanzarán un total del 55%, sumando un arancel del 30% impuesto en los últimos meses a productos chinos y un arancel del 25% aplicado durante su primer mandato. Sin embargo, es importante señalar que algunos aranceles sobre productos chinos son más bajos y otros significativamente más altos.
La experta Wendy Cutler, vicepresidenta de la Asia Society y exnegociadora comercial estadounidense, advierte que Estados Unidos “parece haber pagado un alto precio” por recuperar el acceso a los minerales y magnetos críticos chinos, al poner en la mesa de negociación los controles de exportación sobre tecnología. Cutler destaca que estos asuntos se habían mantenido deliberadamente fuera de la mesa de negociación durante años, debido a la insistencia estadounidense en que las medidas relacionadas con la seguridad nacional no son apropiadas para un toma y daca.
Las conversaciones en Londres se extendieron hasta altas horas de la noche, con momentos de tensión que amenazaron con hacer fracasar el acuerdo. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, quien formó parte del equipo negociador, declaró que se habían resuelto las preocupaciones estadounidenses sobre las restricciones chinas a las exportaciones de minerales y magnetos. Por su parte, el viceministro de comercio chino, Li Chenggang, calificó las conversaciones como profesionales, razonables, sustantivas y sinceras.
Estados Unidos depende en gran medida de China para los metales de tierras raras y los magnetos, lo que otorga a Beijing una herramienta formidable para presionar la economía estadounidense. Jim Hedrick, especialista en tierras raras, estima que tomará cinco años para que Estados Unidos rompa su dependencia de China, a pesar de los avances significativos que está haciendo la industria de tierras raras en producción, permisos y procesamiento.




