Aumentan las muertes por armas de fuego infantiles en estados con leyes de armas más laxas, según un estudio.

El aumento de la mortalidad infantil por armas de fuego en Estados Unidos es un problema de salud pública creciente. Este fenómeno ha alcanzado niveles alarmantes, superando las muertes por accidentes de tráfico y otras causas en el grupo etario de 1 a 17 años. La disponibilidad de armas, las políticas de control y factores socioeconómicos, inciden directamente en estas cifras, generando un debate nacional sobre cómo proteger a los menores.

Según la investigación publicada por The New York Times, un estudio reciente revela una correlación preocupante entre la flexibilización de las leyes de armas y el incremento significativo de fallecimientos por armas de fuego entre niños y adolescentes, particularmente después de que la Corte Suprema limitara la capacidad de los gobiernos locales para regular la posesión de armas en 2010.

El estudio, publicado en JAMA Pediatrics, analizó datos desde 1999 hasta 2023, dividiendo los estados en categorías según la rigurosidad de sus leyes de armas. Se observó que, en aquellos estados que mantuvieron o endurecieron sus normativas, la tasa de mortalidad infantil por armas de fuego se mantuvo estable o incluso disminuyó. Este hallazgo contrasta con el aumento drástico observado en los estados con leyes más permisivas.

La investigación revela que, a nivel nacional, aproximadamente 23,000 menores de 18 años fallecieron por lesiones causadas por armas de fuego en el período posterior a la decisión de la Corte Suprema, excediendo en aproximadamente 7,400 las proyecciones previas. Sin embargo, en estados como California, Maryland, Nueva York y Rhode Island, que implementaron políticas de control de armas más estrictas, se registró una disminución notable en la mortalidad infantil por armas de fuego.

El análisis destaca que la mayoría de las muertes por armas de fuego entre menores son consecuencia de homicidios y suicidios, y no de accidentes. El Dr. Jeremy Faust, autor principal del estudio, expresó su sorpresa ante este hallazgo, resaltando la necesidad de abordar las causas subyacentes de la violencia armada y el suicidio entre los jóvenes. Es importante mencionar que los homicidios con armas de fuego son la principal causa de muerte para hombres jóvenes afroamericanos, representando una crisis dentro de otra crisis.

Organizaciones como Everytown for Gun Safety han elogiado el estudio, argumentando que proporciona evidencia adicional sobre la efectividad de las leyes de control de armas para salvar vidas. Estas organizaciones abogan por la implementación de políticas más estrictas a nivel nacional y estatal, incluyendo la verificación exhaustiva de antecedentes, la prohibición de armas de asalto y la promulgación de leyes de «bandera roja» que permitan la retirada temporal de armas a personas consideradas un riesgo para sí mismas o para otros.

El estudio también pone de manifiesto las disparidades raciales en la mortalidad infantil por armas de fuego. Los niños y adolescentes afroamericanos registraron las tasas más altas de mortalidad antes de la decisión de 2010, y experimentaron los mayores incrementos en los estados con leyes permisivas. En contraste, en los estados con leyes estrictas, la tasa de mortalidad infantil por armas de fuego en la población afroamericana no aumentó después de la sentencia. Estos datos subrayan la necesidad de abordar las desigualdades estructurales que contribuyen a la violencia armada en las comunidades marginadas.