En la Franja de Gaza hay matanza, sangre, fuego. Escribe Daniel Espinoza: “Gaza está en ruinas. Sus habitantes han sido empujados a Rafah, en el extremo sur de la Franja, en el acto de limpieza étnica más flagrante y mejor documentado de la historia. Un millón y medio de palestinos se apiñan en 64 kilómetros cuadrados ante el inminente inicio de lo que podría ser el último capítulo de este genocidio” (“Ruina de occidente”. En: El poder desnudo. Pág. 155). No se llaman campos de concentración ni gulag, sino asentamientos devastados por la guerra donde la gente sobrevive con instinto animal. ¿Por qué hacen la guerra Israel y Palestina? La violencia es una manifestación absurda de la barbarie; la guerra, una pesadilla; la secuela, un trauma que no deja vivir en paz. Es el costo de no ponerse de acuerdo a través del diálogo democrático, el tira y afloja de la negociación. Hamás está en Gaza, donde Israel bombardea por mar, aire y tierra para aniquilar terroristas; es la coartada perfecta, pero, en realidad, el objetivo es invadir totalmente territorio palestino y anexarlo para siempre. El fundamentalismo religioso e ideológico es pernicioso, provoca conflictos bélicos y atrocidades de lesa humanidad. Bloquear ayuda humanitaria internacional (alimento, agua, medicina, vestido) para los gazatíes por Israel es una irracionalidad, una indolencia inefable. Mientras reine la intolerancia, la testarudez y el fanatismo, Israel y Palestina seguirán matándose. La Franja de Gaza, con sus ciudadanos, seguirá muriéndose sin misericordia. Por eliminar a fanáticos de Hamás, Israel mata a civiles, desplaza a colonos y ahuyenta a palestinos de su propia patria hacia tierras donde es casi seguro que perecerán.
Escribe George Orwell -novelista distópico, autor de 1984 y Rebelión en la granja-: “La opinión de que el arte no debe tener relación con la política constituye en sí misma una actitud política”. ¿Qué opinar desde Huánuco sobre el conflicto larvado, encarnizado y aún irresuelto entre Israel y Palestina? Oriente Próximo suena a los relatos de Las mil y una noches. ¿Qué es la Franja de Gaza o Cisjordania? Para Vargas Llosa estos dos territorios se han convertido en “ratoneras humanas”, donde la gente reside en las peores condiciones de vida, aislada por paredes gigantes y alambradas que el gobierno israelí ha construido. El muro de Sharon es tan infame como el muro de Berlín. La violencia política y social contra los civiles es perversa. La literatura y su escritor no pueden caminar orondos por las calles de su ciudad hablando a media voz en cafés o bares, tolerando iniquidades y complicidades. Ser escritor es más que escribir y publicar libros. Ser escritor es vincular el oficio literario con el compromiso social, una actitud política sobre las circunstancias coyunturales e históricas. Evoco a Manuel Scorza: “Mientras alguien padezca, / la rosa no podrá ser bella; / mientras alguien mire al pan con envidia, / el trigo no podrá dormir; / mientras llueva sobre el pecho de los mendigos, / mi corazón no sonreirá”.
El problema entre Israel y Palestina es simple: un país se ha apropiado de los territorios ancestrales de otro; hay una disputa obstinada. Israel quiere permanecer en suelo ajeno, controlarlo todo. Palestina ansía ser una nación autónoma, con destino y decisiones propios. En ese dilema ambos países se han enfrascado en guerras y asedios crueles y muertes diarias. Un misil del ejército israelí mató nueve de los diez hijos -entre 12 años y seis meses- de la pediatra Alaa la Najjar, cuyo esposo es también médico en Gaza. Es la ferocidad de la guerra. En una foto desgarradora, que publica El País (5-6-2025), se ve a un grupo de palestinos con ollas y recipientes vacíos suplicando comida, detrás de una malla y barrotes metálicos. Gaza vive entre bombardeos, zozobra colectiva, escasez de alimentos y enfermedad. Las sociedades tienen tres opciones: democracia, totalitarismo o anarquía. Solo la democracia abierta, plural, institucional y respetuosa de la voluntad popular garantiza bienestar, tranquilidad pública y desarrollo sostenible.
Resuena Sobreviviendo de Víctor Heredia: “Ya no quiero ser solo un sobreviviente / quiero elegir el día para mi muerte. / Tengo la carne joven, roja la sangre, / la dentadura buena y mi esperma urgente. / Quiero la vida de mi simiente. / No quiero ver un día manifestando / por la paz en el mundo a los animales”. Pacifismo total. Ninguna guerra es un juego de niños. Las guerras matan, asesinan, destruyen, provocan crisis económicas, hambre, miseria, tragedia individual y familiar. Las vidas apagadas en los campos de batalla o en los ataques contra civiles jamás resucitan; es el saldo estadístico de la guerra. ¿Qué puedo yo hacer contra eso? No renunciar a mi indignación contra la guerra y la violencia. Qué diferencia hay entre Benjamín Netanyahu y Hitler, Mao, Stalin, Pol Pot u otros sátrapas sanguinarios. Ellos tienen sed desmedida de megalomanía. Un dictador. como Sadam Hussein, puede ser ahorcado mil veces, pero los muertos durante la tiranía y la guerra intervencionista de EE. UU y de resistencia nunca volverán a ver el sol de Bagdad.
La gente muere en la Franja de Gaza como moscas, sin opción a defenderse ni sobrevivir. Hay matanzas, migraciones masivas, hambre, sed, enfermedad, desolación, destrucción, sufrimiento. Una tregua es un respiro estratégico, pero la guerra continúa, reaparecerá en cualquier momento, cuando los plazos se cumplan y se acomoden los actores políticos. Una guerra tiene fines políticos y de expansión geográfica. ¿Cuándo será el día en el que los problemas entre países se resuelvan con el diálogo, la mediación de terceros, el respeto a la vida, la integridad y el entendimiento racional? Es posible en democracia. Hemos olvidado que el fin supremo del servicio de las instituciones del Estado es el ciudadano. Israel y Palestina deben resolver sus problemas, pero es necesaria una posición firme contra el genocidio, la limpieza étnica, la testarudez política y el deseo de colonizar pueblos para someter ciudadanos. Es cierto que el Perú tiene sus propias urgencias, como para estar entrometiéndose en lío de otros. La paz social y el respeto a la vida son derechos constitucionales que se deben exigir, fortalecer y defender. En la Franja de Gaza existe un asedio brutal, un “encierro estratégico” de palestinos. El libro Israel-Palestina: paz o guerra santa (2005) no es historia ni geopolítica, sino ocho reportajes publicados en El País de Madrid. Dice Vargas Llosa: “Lo peor que ocurre en Oriente Próximo no es el extremo demencial de salvajismo que ha alcanzado el enfrentamiento entre palestinos e israelíes, los crímenes que unos y otros perpetran a diario contra el adversario, disfrazándolos siempre como “represalias”, sino el eclipse de todas las esperanzas de una solución pacífica del conflicto que hicieron nacer los acuerdos de Oslo en 1993”. (“Lógica de la sinrazón”, agosto, 2001). Lo dijo hace 24 años. A Mario, que tenía 69 abriles, no le han contado sucesos del conflicto; estuvo, junto a su hija Morgana, en el lugar de los hechos.




