Tingo María fue sede del evento que congregó a autoridades, empresarios y comunidades nativas, con la mirada puesta en un desarrollo sostenible e inclusivo para la Amazonía peruana.
La reciente edición del Congreso de la Economía Amazónica (CEA 2025) marcó un hito en el esfuerzo por articular políticas públicas, inversión privada y saberes indígenas hacia un modelo de desarrollo más justo y respetuoso del entorno amazónico. Celebrado en Tingo María, el evento reunió a funcionarios del Ejecutivo —entre ellos el viceministro de Transportes, Víctor Raúl Pérez—, autoridades regionales, empresarios y representantes de comunidades nativas, con un mensaje claro: la Amazonía no debe seguir esperando.
Uno de los anuncios centrales fue el impulso a la llamada “Intervial Amazónica”, una estrategia de infraestructura que apunta a unir zonas históricamente postergadas. Se reafirmaron compromisos para ejecutar proyectos largamente demandados como la carretera Huánuco–Rancho–Pachitea y el eje Oyón–Ambo–Huánuco, pasos clave para facilitar el comercio, la movilidad y la integración territorial.
La visión que plantea el CEA 2025 va más allá del asfalto. El evento también analizó mecanismos para potenciar la exportación de productos amazónicos con valor agregado, como el cacao, el café, la cúrcuma y el camu camu. Con la próxima operación del puerto de Chancay y el anunciado aeropuerto internacional en la selva central, las expectativas crecen: el mercado internacional está al alcance, pero se requiere articulación real y sostenida.
Según estimaciones compartidas durante el congreso, se proyecta una inversión cercana a los 200 millones de dólares, cifra notablemente superior a los 20 millones de 2012. Esta inyección de recursos podría dinamizar la economía regional y revertir años de abandono, siempre que se evite la fragmentación y se prioricen proyectos de impacto comunitario.
Los desafíos no son menores. A la deforestación descontrolada se suma la expansión de la minería ilegal, problemas que, si no se enfrentan con firmeza, pondrán en riesgo cualquier avance. Las comunidades amazónicas —las verdaderas guardianas del territorio— han insistido en la necesidad de un desarrollo respetuoso de la biodiversidad y centrado en las personas.
El CEA 2025 ha encendido una luz de esperanza. Pero esta solo se traducirá en progreso real si los acuerdos alcanzados se implementan con transparencia, participación ciudadana y enfoque territorial. Las promesas no deben quedar en discursos. La Amazonía tiene el potencial, el conocimiento y la riqueza natural para liderar una nueva etapa en la historia del Perú. Solo falta voluntad política sostenida y coherencia entre palabra y acción.




