Un reciente estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B reveló que las heridas humanas cicatrizan mucho más lento que las de otros mamíferos, incluyendo nuestros parientes evolutivos más cercanos. La investigación, liderada por Michel Raymond, del Instituto de Ciencias Evolutivas de Montpellier, comparó la tasa de curación en humanos, primates y roedores.
El experimento se basó en heridas controladas y accidentales observadas en hospitales, santuarios de chimpancés y centros de investigación animal. La velocidad promedio de cicatrización fue de 0,61 milímetros por día en mamíferos no humanos. En los pacientes humanos, en cambio, apenas alcanzó los 0,25 mm diarios.
“Esta diferencia se sospechaba, pero no se había cuantificado ni comparado con primates cercanos como los chimpancés”, indicó Raymond.
Una de las hipótesis centrales apunta a la evolución de la piel humana. Hace cientos de miles de años, el Homo sapiens perdió gran parte de su pelaje, posiblemente para mejorar su sistema de enfriamiento por sudor. Sin embargo, las glándulas sudoríparas, aunque eficaces para regular la temperatura corporal, son menos eficientes en cicatrizar que los folículos pilosos que conservan otros mamíferos.
Esto significó que la regeneración cutánea quedó en manos de células madre menos activas, lo que explicaría la lentitud en la curación. Aunque esto pudo representar un riesgo evolutivo, los investigadores creen que fue compensado por el surgimiento de redes de cuidado social, uso de plantas medicinales y otras estrategias humanas.
“Cambiar pelo por sudor tuvo ventajas, aunque con costos”, concluye Raymond. El estudio abre nuevas preguntas sobre cómo la evolución moldeó incluso la forma en que sanamos.




