Tres en raya, a pesar del transcurrir del tiempo, no ha envejecido, sigue desafiante, renovador, con vitalidad y vocación de inmortalidad. ¿Existe en Huánuco un escritor que iguale o supere a los “tres en raya”? En 1985 se publica un libro con seis cuentos. Es considerado un hito en la historia de la literatura huanuqueña. Excepto “En Chaulán no hay sagrado”, “Terrible” -que acusa similitud con el cuento “Bajo la sombra del limonero” de Cloud- y “La muerte a los 21 años”de Adalberto Varallanos, nunca se había escrito como lo hicieron Samuel Cárdich, Andrés Cloud y Mario Malpartida. Esteban Pavletich, Enrique López Albújar y Adalberto Varallanos habían muerto. Los “tres en raya” inician una producción literaria imparable, se han convertido en referentes imprescindibles de valoración y creación literarias. ¿Por qué se habla tanto de este libro con estilos, educación cultural y perfiles literarios diferentes? Samuel Cárdich, Andrés Cloud y Mario Malpartida habían publicado textos suyos en revistas y periódicos. 1985 es clave para entender cómo la literatura escrita en Huánuco dio un notable e irreversible viraje hacia la calidad estética, la modernización y la difusión nacional. Hace 40 años apareció Tres en raya, que hoy reedita la Editorial Amarilis Indiana para beneplácito de lectores literarios.
La clave de “los tres en raya” está en sus lecturas. Son talentosos narradores, saben contar historias, eligen al narrador y usan el lenguaje literario adecuado al pensamiento y contexto de los personajes. Leyeron a los novelistas del boom de la novela latinoamericana, a William Faulkner, Ernest Hemingway, Ribeyro, Rulfo, Borges. Con esa calidad de experiencias lectoras, era de esperar una escritura literaria de gran performance lingüística y artística. El magisterio de James Joyce está presente. En los seis cuentos impera el monólogo. El narrador es la primera persona, testigo o narrador-personaje. ¿Quién narra la historia del cuento “Día de crecida”? ¿Quién es el interlocutor? La ficción literaria es notable; la verosimilitud reina sólida en el relato. Tacho, el emisario y proxeneta de Mestiza, está frente aCriollita, exprostituta de El Botecito, a quien trata de persuadir, con lenguaje lumpen, encaramientos y enredos, para que su hija Crisálida sea una trabajadora sexual en un lujoso burdel. Criollita nunca responde a las interrogantes y apelaciones. Desaparece el tradicional narrador omnisciente, todopoderoso, sabio, impertinente, invasivo, que no deja margen de libertad para contar la historia ni el sentimiento real de los personajes. El tiempo literario no es lineal, sino de ruptura lógica.
“¿Te acuerdas de Pecos Bill?” es un himno a la nostalgia y la infancia. Ningún personaje tiene nombre, solo alusiones y apodos. Él es Pecos Bill; yo, el narrador-personaje; tú, la muchacha. El dato escondido y la insinuación son relevantes. Pecos ha desaparecido del colegio, nadie sabe dónde está. Posiblemente se haya enrolado a movimientos políticos de izquierda o muerto en algún lugar como el hijo del profesor de historia en un río de la selva; es una alusión a Javier Heraud. El narrador está frente a la puerta de la casa de la muchacha de la infancia para preguntarle qué sabe de Pecos. “Apenas aparezcas te lanzaré la pregunta a ver si al contestarme también me dices que eras tú la que acompañabas a Pecos cuando lo agarraron”. En “La oscuridad de adentro” hay una analogía entre el cuy en una feria y el cliente en un prostíbulo. El narrador-personaje conversa con un oyente compungido durante el sepelio del amigo, que ha muerto como consecuencia de haber sido quemado en un lupanar por una enloquecida prostituta. Solo al final del relato se sabe quién cuenta la historia y desde dónde.
Un tema recurrente es la migración, el retorno al terruño o el exilio voluntario. Los personajes siempre están en movimiento y desplazamiento según las oportunidades y circunstancias. El caso de “Secretarias privadas de profesión” es emblemático. El viudo Cipriano Arratea (60), agricultor, luego carbonero, es padre de Claraluz y Blancarosa. Dejan Tambillo, un pueblo rural, y llegan a Huánuco en la década del 60 del siglo XX. Viajan a Lima donde encuentra trabajo para sus hijas en Australia, adonde van como secretarias de importantes empresas; no regresarán jamás. Cipriano retorna a Huánuco donde residirá resignado a vivir solo, únicamente con el recuerdo de sus hijas, que deben disfrutar comodidades. Tambillo es la nostalgia de Cipriano. El cuento plantea un problema social: trata de personas, mujeres que, engañadas por promesas económicas, ejercen la prostitución. Criollita y Mestiza son personajes antitéticos. Criollita es vulgar y marginal meretriz en un puerto bullicioso y peligroso; mientras que Mestiza, empresaria que va a inaugurar el Vergel del Amor. “Día de crecida” es un cuento audaz y retador. El monólogo del púber -cuyo nombre no sabemos- es fluido y sostenible cuyo ritmo no decae porque está pendiente en qué momento el río Huacarmayo desciende furioso para destruir la casona del hacendado del pueblo; la omisión de los signos de puntuación y enlace de oraciones con conectores lógicos permite advertir un cuento que se lee sin interrupciones; a la historia literaria central se incorpora un relato oral de la princesa Mamayatay cuyas lágrimas dan nacimiento al Huacarmayo; es evidente la injusticia, la pobreza y el autoritarismo en la comarca donde el viejo Óscar arrebata bienes y propiedades de los desvalidos; el niño narrador deja su inocencia para convertirse en un actor de venganza ojo por ojo; las mujeres tienen un rango de subordinación; el niño narrador es hijo no reconocido del hacendado, pero tiene un acercamiento con Evita, una supuesta amante del gobernador; la posición del personaje del cuento es la parte alta de una montaña desde donde descenderá el río, que será pilotado por la imaginación del niño. Finalmente, nada cambia.
Luego de 40 años, Tres en raya marca la pauta de la cuentística en Huánuco, definió el destino de sus autores. La ficción literaria, el lenguaje pertinente, el narrador idóneo, la experticia de contar la historia son componentes significativos de la narrativa de Cloud, Malpartida y Cárdich. “Déjala ir, Criollita” empieza con lavoz de Tacho: “Te explico sobre el brillante porvenir que Mestiza quiere ponerle al alcance de tu hija…”; culmina advirtiendo una sutil aprobación de Criollita: “Eso es, así me gusta que me indiques con una sonrisa que estás dispuesta a conversar con más tranquilidad y detalle sobre el brillante futuro que le espera a tu hija”. ¿Qué tiene que ver en ese porvenir la hija de Criollita? “Era linda la negra” es el deterioro de Mercedes por el tiempo, la soledad y el egoísmo. El narrador-testigo es el soldador Agustín Atavillos, quien ve a la Negra pasar con los mandados del mercado y se desencadena en él una sucesión de hechos del pasado. Es un relato de retrospección. Ninguno de los cuentos es fantástico ni gótico ni indigenista, predomina la ciudad en la escritura y el estilo de los “tres en raya”.




