La creciente presión internacional sobre la situación humanitaria en Gaza ha llevado al gobierno británico a considerar la imposición de sanciones contra dos ministros israelíes de extrema derecha, Itamar Ben-Gvir, ministro de seguridad nacional, y Bezalel Smotrich, ministro de finanzas. Esta medida se produce en un contexto de creciente tensión y críticas hacia la gestión del conflicto por parte de Israel, especialmente en lo que respecta al sufrimiento de la población civil. Cabe recordar que las relaciones entre Reino Unido e Israel han experimentado altibajos, con momentos de cooperación estratégica y otros de marcado desencuentro, como la resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU, que condenó los asentamientos israelíes en territorio palestino ocupado.
Según la investigación publicada por The New York Times, la administración del Primer Ministro Keir Starmer lleva meses sopesando la aplicación de estas sanciones, una propuesta que ya había sido planteada por David Cameron, ex Secretario de Relaciones Exteriores durante el anterior gobierno conservador. No obstante, la decisión final aún no ha sido tomada, según confirman varios funcionarios.
El debate sobre la imposición de sanciones se ha intensificado en las últimas semanas, después de que Reino Unido se uniera a Francia y Canadá para condenar la expansión de las operaciones militares israelíes en Gaza. En este sentido, funcionarios británicos han encontrado escasa resistencia a la idea de las sanciones por parte de Estados Unidos, cuyo presidente, Donald Trump, también ha manifestado públicamente su descontento con la situación, expresando su deseo de poner fin al conflicto “lo más rápido posible”.
Sin embargo, el trágico tiroteo contra dos empleados de la Embajada de Israel en Washington, perpetrado por un individuo pro-palestino frente a un museo judío, ha generado dudas en algunos funcionarios británicos, quienes cuestionan si este es el momento oportuno para sancionar a altos funcionarios israelíes. La diplomacia británica, históricamente activa en la búsqueda de una solución al conflicto israelí-palestino, se enfrenta a un dilema complejo al tener que equilibrar la defensa de los derechos humanos con la necesidad de mantener relaciones estables en una región geopolíticamente volátil.
Actualmente, el Reino Unido parece inclinado a esperar y observar si Israel permite un aumento significativo de la ayuda humanitaria a Gaza, según fuentes oficiales. Una mejora en la situación humanitaria en la Franja de Gaza podría retrasar aún más la decisión sobre si incluir a Ben-Gvir y Smotrich en la lista negra, dado que ambos han manifestado su apoyo a la reubicación de palestinos fuera de Gaza, lo cual constituiría una grave violación del derecho internacional.
La postura de Reino Unido sobre el reconocimiento de un Estado palestino independiente también se encuentra en un punto de inflexión, siguiendo los pasos de Noruega, España e Irlanda. Francia también está considerando esta opción y ha instado a Reino Unido a actuar de manera coordinada, posiblemente durante una cumbre en junio. No obstante, algunos diplomáticos sostienen que un reconocimiento en este momento tendría un impacto limitado.
Las diferencias de criterio entre el Ministerio de Asuntos Exteriores, percibido como más proactivo, y el 10 de Downing Street, considerado más cauteloso, se han hecho evidentes en este debate. Sin embargo, el Primer Ministro Starmer enfrenta una creciente presión tanto de su partido laborista como de destacados abogados defensores de los derechos humanos en Reino Unido, un colectivo al que él mismo perteneció en el pasado. El Ministro de Asuntos Exteriores, David Lammy, utilizó un lenguaje particularmente duro para denunciar la conducta de Israel en la guerra, llegando a suspender las conversaciones sobre un acuerdo comercial.




